Yo no sé a ustedes, pero a un servidor, el hecho, certificado por el CIS, de que los ciudadanos españoles “suspendan” a todos y a cada uno de nuestros biempagados políticos no me ha sorprendido pero me ha dado que cavilar. Doy por descontado, quizá por deformación profesional, que ese dato de la estima pública es tan relativo como el del conocimiento, pero mucho más escurridizo si cabe. No me creo, por ejemplo, que la gente sepa lo suficiente de los desconocidos ministros del Gobierno actual como para juzgar sus tareas, pero ya es significativo, no me digan que no, que, a pesar de todo, el convencimiento generalizado de su mediocridad haga a los españoles despreciar a sus representantes hasta ese extremado punto. ¡Toda una clase política, incluida la oposición, y ni un solitario aprobado raspón! Ésa es una constatación incuestionablemente descalificadora y que apunta a un escepticismo colectivo que es como una bomba de relojería bajo la línea de flotación de la democracia. ¿Ustedes se imaginan lo que ocurriría si los españoles en bloque descalificaran a la totalidad de sus sanitarios? Cualquiera que conozca el refranero tradicional sabe bien que, por tradición, este pueblo nuestro ha sido duro a la hora de juzgar sumariamente a mandamases, médicos, boticarios, frailes y picapleitos, pero dudo que haya habido época alguna en que la totalidad de la vida pública –hoy mucho más conocida que nunca—haya sido rechazada como incompetente por una ciudadanía refractaria a sus miserias. La pregunta no es ya si un sistema representativo podrá subsistir en semejante situación, sino qué se puede intentar para devolver su imprescindible dignidad perdida a la clase dirigente.

Claro que lo ingenuo hubiera sido esperar que el espectáculo al que asistimos desde hace años no fuera a acabar socavando la confianza pública. ¿Cómo valorar favorablemente a esos barandas, como calibrar a políticos sobrevenidos, en medio, encima, de un permanente festival de escándalos en que ellos mismos se encargan de desacreditarse unos a otros con las acusaciones más hirientes? Por supuesto, no es privativo de España el descrédito de la política –ahí está la Italia de Andreotti o Berlusconi, la Francia autoamnistiada de Mitterrand y demás– pero hasta admitiendo eso resulta forzoso sorprenderse de que ni uno solo de los políticos en activo estudiados merezca aprobar a los ojos de quienes les pagan sus magníficos salarios. Este desconcertante dato no debería ser tomado a título de inventario por los responsables públicos sino aceptado como un severo aviso de lo que puede ocurrir, no ya en la clase política –que eso resultaría irrelevante por completo—, sino en el propio sistema de autogobierno. Dudo que en España haya una sola clase escolar que haya suspendido en pleno. El Gobierno y la oposición, curiosamente, sí lo han hecho y ni se han inmutado.

16 Comentarios

  1. Rotundo, sin posible argumento en contra. El reparto de la tarta, sin más reglas. Un país que desprecia a toda su clase política vive una democracia en precario. Veremos si se puede continuar en esta cuerda floja.

  2. buena lección de ciudadanía que espero se apliquen el cuento – aunque no me creería que mis palabras se las tomaran en serio – al menos los que estén interesados en saber lo que de ellos piensan los votantes.

  3. Un ejemplo elocuente, un dato que echa porm tierra todas las monsegras sobre el “respeto debido” a los politicos. Que empiecen por corregirse ellos. Mientras no hagan lo que en otros países –que también tienen mucho que corregir, sin duda– no merecerán que los contribuyentes los aprobemos. ¿Qué nos queren, cornudos y contentos? Pues con muchos de nosotros que no cuenten ni en broma.

  4. Estoy de acuerdo, cosa que no suele ocurrirme con los criterios del columnista ni con sus opiniones, por más cultas y aderazadas que vayan. Los políticos, aunque no nos guste reconocerlo, somos los culkpables de nuestro descrédito, por lo menos desde Herodes. En esta fase de la democracia, reconozco que muhco más. Si algo acepto siempre de ja gz marin es su criterio de verdad y su independencia. Debo hacerlo constar y lo hago.

  5. No creo que nadie esperara un resultado diferente del que da la encuesta del CIS. ¿Cómo será la cosa para que el CIS diga lo que dice! Una vergüenza. Los españoles tenemos, eso sí (suele repetirse), lo que nos merecemos. De otro modo el voto en blanco de castigo sería ya enorme, y no lo es.

  6. Después de todo, no sé de que se queja jagm. Si los periódicos no publicaran cosas como estas relativa a los “rojos” ( http://www.libertaddigital.com/nacional/la-tela-de-arana-andaluza-1276322348/ ) nosotros viviríamos democráticamente un una inopia feliz. Sobre todo si además otra parte de la prensa no se dedicaran a publicar lo que pasa también en la zona “facha”. La letra de la canción “Libertad sin ira lo expresaba muy bien. Habrá que matar a los mensajeros que nos aguan la fiesta (recuérdese que, después de todo, Sevilla sólo se echa a la calle cuando sus equipos de fútbol bajan a segunda división).

    Saludos.

  7. Incompetentes y cosas peores, y en “cosas peores” no me refiero a robar ni asesinar.

    “qué se puede intentar para devolver su imprescindible dignidad perdida a la clase dirigente.”: El suicidio colectivo.

  8. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

    Todo tiene un origen y una raíz. Aquí en España , al seguir las directrices impuestas a las democracias europeas después de la II Guerra Mundial con la filosofía política francesa tras la Revolución de 1789, comenzó la apropiación por parte de los partidos políticos del poder de la gestión estatal. A Mostesquiu lo manipularon.
    Intransigentes con la aportación a la democracia de la experiencia inglesa, anglófobos ellos, Francia lanzó a Europa un misil propagandístico de efectos incalculables.

    Un resumen de ello….del inicio del mayor TIMO democrático:

    http://antoniogarciatrevijano.com/2009/07/22/las-nuevas-tablas-de-la-ley/#comments

  9. Ni me parece tan sencillo como lo plantea el Abate ni creo que el problema sea separable del modelo psicosocial que vivimos. ¿Es la política la que informa y determina la moral social o al revés? Ése es un porblema clásico que no va a desaperecer porque descubramos el desprecioo general de la clase política, desprecio que, me parece conveniente recordarlo, no es nuevo ni quien tal lo pensó.

  10. Básica lá última observación: nunca gozaron de buena fama los hombres públicos en España. La tuvieron y la tienen, según dicen, incluso peor que las “mujeres públicas”. Pero lo mismo ocurría en Grecia, en Roma, en La Edad Media o los actuales EEUU. “La nueva clase”, (Djilas), no es nueva, es eterna. Una “calse con todas las de la ley, con todos los requisitos que establecía para su concpeto el gran Dahrendorf, recientemente desaparecido ANTE EL SILENCIO DE JAGM, todo hay que decirlo.

  11. Fiiiiiiiuuuuu, cómo se ha puesto el casino! Entre links de varios megatones de profundidad y finos comments cualquiera dice ya algo mínimamente interesante.
    Una situación preocupante con sus lógicos matices la que ha dibujado hoy nuestro Anfi, y probablemente tenga razón quien afirma que el interés común no existe; se hace y se descubre. La alternativa: anomia, confusión y a seguir observando como los fuertes se aprovechan de los débiles, o los caraduras de los ingenuos para ser más exactos con nuestra situación actual. Quizá no haya nada nuevo bajo el sol, pero hoy en día se hace de una evidencia abrumadora.

  12. Nada puedo añadir a lo ya escrito. Totalmente de acuerdo. ser político y honesto es casi milagroso. En cualquier país, pero parece ser que hay épocas peores que otras….pero porque se consiente.
    Besos a todos.

  13. La verdad es que estas evaluaciones de nuestros gobernantes me pillan muy de lejos: sólo conozco de ellos lo que cuentan los periódicos.

    Tampoco conozco el perfil y capacidad crítica de los encuestados.

    Lo más parecido a ese conocimiento sería el haber asistido a variopintas reuniones de vecinos, experiencia no muy agradable pero que sin embargo da un profundo conocimiento de la micro-política cotidiana y de los modos que se manejan.

    Imitando al personaje americano aquel de la novela “Lo que queda del día”, diría que tanto unos como otros (gobernantes y gobernados) no son más que unos aficionados. Con las excepciones de parte y parte que procedan, claro está.

  14. Esta Espanya cainita que avanza hacia la descomposición moral y política está entrando en un proceso irreversible de agonía.

    ya Gil de Biedma lo decía hace años…….

    “Y qué decir de nuestra madre España,
    este país de todos los demonios
    en donde el mal gobierno, la pobreza
    no son, sin más, pobreza y mal gobierno
    sino un estado místico del hombre,
    la absolución final de nuestra historia?

    De todas las historias de la Historia
    sin duda la más triste es la de España,
    porque termina mal. Como si el hombre,
    harto ya de luchar con sus demonios,
    decidiese encargarles el gobierno
    y la administración de su pobreza.

    Nuestra famosa inmemorial pobreza,
    cuyo origen se pierde en las historias
    que dicen que no es culpa del gobierno
    sino terrible maldición de España,
    triste precio pagado a los demonios
    con hambre y con trabajo de sus hombres.

    A menudo he pensado en esos hombres,
    a menudo he pensado en la pobreza
    de este país de todos los demonios.
    Y a menudo he pensado en otra historia
    distinta y menos simple, en otra España
    en donde sí que importa un mal gobierno.

    Quiero creer que nuestro mal gobierno
    es un vulgar negocio de los hombres
    y no una metafísica, que España
    debe y puede salir de la pobreza,
    que es tiempo aún para cambiar su historia
    antes que se la lleven los demonios.

    Porque quiero creer que no hay demonios.
    Son hombres los que pagan al gobierno,
    los empresarios de la falsa historia,
    son hombres quienes han vendido al hombre,
    los que le han convertido a la pobreza
    y secuestrado la salud de España.

    Pido que España expulse a esos demonios.
    Que la pobreza suba hasta el gobierno.
    Que sea el hombre el dueño de su historia.”

    Ayer y hoy los alaridos de dolor y muerte de nuevo corren por la piel de toro.

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