Contra la inveterada costumbre de cerrar el plazo para fiscalizar facturas el 30 de diciembre, la consejera Aguayo se ha sacado de la manga el 28 de noviembre una orden que adelanta el tope justo un mes. ¡Tiesa total, la Junta, tan tiesa la autonomía que no puede ya pagar  a sus proveedores ni un euro más! Y encima les falla la almoneda de las joyas de la abuela y se encuentran con un agujero suplementario de 400 millones que, simplemente, no tienen ni idea de donde “recortarán” para rellenarlo. ¡Aviados van los herederos de Griñán con la herencia    que van a recibir! Los tiempos son malos, eso es innegable, pero tanta torpeza gestora resulta difícil de imaginar siquiera.

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