Hemos escuchado a la vicepresidenta del Gobierno entonar una especie de disculpa por el fracaso palmario de las medidas de protección a la mujer. De hecho los números hablan por si solos, pues si el año pasado fueron asesinadas en España 52 mujeres este año, a falta todavía de un mes que podría aumentar la estadística, vamos ya por 68. De nuevo vendrán ahora las sociologías más o menos sensatas, otra vez las hipótesis sobre causas y concausas nos abrumarán con su dialéctica sin final, mostrándonos la extremada dificultad de un problema sin fronteras ante el que fracasan la teorías y resultan inútiles las prevenciones. Parece, para empezar, que esta locura atroz no es efecto de la dificultad económica sino que, al contrario, a mayor bienestar, más violencia y estadísticas más aterradoras, como demuestra el ejemplo de esas sociedades opulentas –las escandinavas, la propia Alemania—que encabezan el negro ránking. Se queda uno nota al enterarse de que en USA se registra (no se ‘produce’, se ‘registra’, que no es lo mismo, sino mucho más) un acto de violencia contra la mujer por minuto: hagan la cuenta ustedes mismos. O de que en Rusia, en un solo año, se han contabilizado (téngase en cuenta, claro, el volumen de población) la escalofriante cifra de 13.000 asesinatos de mujeres, el 75 por ciento de los cuales perpetrados por los propios esposos. Al timón de esta ‘nave de los locos’ va Finlandia, nada menos, ese paraíso helado y profiláctico, cívico y avanzado donde los haya, pero no muy lejos se agolpan Suecia, Dinamarca y también Alemania. Aunque haya cifras peores, claro. En México, el ruidoso escándalo de la mortandad de Ciudad Juárez, en Chihuahua, se salda con 464 víctimas femeninas en 13 años –es decir, más o menos 35 anuales, que viene a ser la mitad de la cifra española—mientras que la matanza de Taumapilas contabiliza un balance similar y en una ciudad como la argentina de Mendoza, 22 mujeres asesinadas en dos años provocaba un debate nacional. No tenemos ni idea, créanme, por más que el fundamentalismo moralista apunte a la disolución de las costumbres que comporta la modernización social, y el vocerío feminista se centre en la denuncia del machismo a secas. Ni idea, ya digo. El propio Gobierno trasluce ese despiste bajo el ‘mea culpa’.
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Dos cosas me parecen significativas en el conjunto del fenómeno. Una es lo que algunos han llamado “la reiteración de los patrones”, es decir, la constancia de los rituales asesinos, evidentemente determinada más que condicionada por el ejemplo que proporciona, sin proponérselo, por supuesto, la publicidad audiovisual: a un parricida que quema a su mujer le suceden veinte pirómanos; a un degollador lo imitan otros tantos: el propio mensaje que deplora el crimen daría, a mi juicio, más o menos subliminalmente, la pauta a seguir por el criminal. La otra circunstancia elocuente es le fracaso de la defensa social, la escandalosa inutilidad de las medidas legales, el fallo casi sarcástico de la protección teórica que se otorga a la mujer amenazada. Una ley gravemente sexista (a mi juicio, una vez más) como la vigente en España no ha conseguido detener la sangría sino verla incrementarse, ni reducir esos dos millones de maltratadas que el Gobierno dice saber que agonizan silenciosamente en nuestro país. Y ahora el Gobierno propio habla de lanzar una “campaña de sensibilización” lo que viene a ser cómo poner los cimientos una vea cubiertas las aguas. Ni tenemos idea de las causas ni sabemos por dónde tirar en la encrucijada, eso es lo que hay, aunque, ciertamente, pocos ciudadanos dudan de que un sistema penal y penitenciario como la gente disuadiría a mucho bárbaro en lugar de estimularlo con su lenidad. Matar a la parienta sale hoy barato, uno diría que tirado. Podemos seguir dándole vueltas al manubrio del ludibrio pero esta última es la más clamorosa razón de la hecatombe que estamos viviendo.

11 Comentarios

  1. Ay, que me temo otro “apagón” finisemanal!! Con un tema comom el de hoy, por lo menos las mujeres dl blog deberçian haberse empujado ya a la entrada. Bueno, y los hombres, claro está. Hasta que no seamos uno sólo –el andrógino perdido– no tendrá fin esta lacra de la que habla jagm.

  2. Creo también que el tema, las cifras, el todo, deja sin voz. Por lo menos a mí. No sé qué decir. No puedo decir gran cosa.
    Una cosa , sí. Tal y como está analizado el tema parece que se impone más severidad , y por lo tanto se puede plantear de nuevo el problema de la pena de muerte.

  3. Extraño silencio ante un atrículo tan tremendo que llama con fuerza en la conciencia. En fin, será cosa del fin de semana, pero no nquiero dejar de hacer constar mi lamento.

  4. 20:23
    Barato, barato, pero no solo es eso. No creo que en Rusia resulte tirado el parricidio y ya ven.

    El hombre sufre un instinto de posesión de la hembra, compartido con muchos animales, cuya frustración le puede llevar a la desesperación y de la desesperación puede pasar indistintamente a la depresión o a la ira. Díganme cómo, saliendo tan barato el crimen, se entiende el suicidio tan frecuente tras este tipo de asesinato.

    Lo sociedad solo podría resolver este problema con una educación que supere el instinto y eso es cuestión de muchos años trabajando en un mismo sentido, sin dar un bandazo con cada cambio de gobierno o de ministro. O sea, imposible.

    Tampoco las estadísticas nos dicen nada. No se publican completas porque los resultados saldrían, muy probablemente, racistas, xenófobos y le darían un buen palo a la alianza de civilizaciones.

  5. Eso es verdad, don Griyo, pero el número de asesinos suicidas no es tan grande, y remite sólo, como bien dice, a explosiones y descontroles neuróticos, psicóticos, imprevisibles. Educación, sí, y sin prisas, poorque de nada valen éstas.

  6. Sin embargo, amigos, creo que ja lleva razón en lo de la baratura: una sanción clara, terminante, que en la mayoría de los países es de prisión perpetua, sería sin duda disuasorio en una infinidad de casos. Y como suele decirse en este punto, con una sola vida que se salvara, ya estaría justificada la medida.

  7. Yo, de verdad, me admiro de la paciencia y el buen sentido que demuestran, pero también me espanto un poco de que gente tan mesurada e inteligente se muestre algo así como resignada ante la monstruosidad que supone matar a 60 personas en once meses. Bien visto lo de la sanción, por parte de Saint Germain, y muy cierta la coletilla final.

  8. No sé qué pudo ocurriles hoy, pero un asunto tan importante no merecía esta indiferencia. Me ha tocado que el jefe se acuerde del horror de Mendoza, herida nunca cerrada. ¿Y saben una cosa? Aquí la ley es dura en estos casos, por lo que creo que no le falta razón a don Griyo.

  9. A Griyo hay que recordarle que tambien hay literatura sobre la mujer iracunda, la ménade, y no obstante no hay tanto parricidio por su parte. Es la cultura, claro, la que marca roles y atribuye valores, la que vuelve loco de celos a un varón o a una hembra, la que establece la norma de la venganza. Pero mientras se reacciona contra esa carga de siglos, una buena sanción hace mucho, no les quepa duda. ¿En Rusia? En Rusia las tasas de alcoholismo lo explican casi todo. Mejor hubiera sido preguntar por USA. O por Escandinavia.

  10. Huérfana me veo sin doña Epi, y extraño más su silencio ante un tema como el que hoy nos abruma. Por mi parte, me sumo a los castigadores, no porque crea en la función de la venganza, sino porque a ese personal hay que ternerlo apartado de por vida de la colectividad. Y cuando esa perspectiva aguarda a un irascible se lo piensa dos veces, no le den demasiadas vueltas a lo que no lo necesita. ¿Cuántas veces han oído eso de “dentro de tres años estoy en la calle y ella en el cementerio? Pues a eso me refiero.

  11. Le cuesta caro a la mujer su independencia:en efecto,noto que hoy en día cuando la mujer decide separarse (- antes era imposible. o muy difícil)el hombre no es capaz de superar ni el trauma afectivo ni la herida del amor propio: le queda lo único que puede tener superior a la mujer :la fuerza física ¡y como no faltan los ejemplos de violencia! Posiblemente. como en otros muchos dominios. haría falta aprender a resolver conflictos dialogando y comunicando. en fin si hay guerras¡hagámosla con palabras!

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