Encuentro a mi amigo farmacéutico preocupado por el incremento de los afrodisiacos. Dice que entiende y hasta recomienda el uso de los viagras y los cialis pero que ve con inquietud tanto su proliferación descontrolada como el auge de las ofertas piratas, y se muestra preocupado por el progresivo consumo juvenil de esas pócimas milagrosas. Un viejo sueño, el afrodisiaco, felizmente conseguido –¡y por casualidad!—acaso como un consuelo en esta era de tribulaciones. Viejo negocio, ya digo. Los griegos clásicos se atracaban con miel y sésamo, con zanahorias y trufas, con puerros y ajos. Los romanos con almendras y anises, espárragos o rúcula. Aristóteles previno a Alejandro contra la costumbre de beber menta propia de la soldadesca, en la que veía un riesgo cierto, y Pitágoras veía en el diseño de las habas –como otros en el del puerro o la ostra—la seña inequívoca de su poder vigorizador. Como los aztecas o los pigmeos, como los chinos o los celtas: no ha habido pueblo que no haya buscado y creído hallar ese remedio. ¡Hasta en la inocente alcaparra! Pero esto de ahora es otra cosa, lo mismo en el caso del sildenafil (viagra) que en el de los “poppers” esnifables (los chutes de nitritos) que son hoy por hoy la segunda droga de discoteca y que, quizá por eso mismo, están siendo prohibidos aquí y allá. Es toda una revolución civilizatoria esa prolongación de la edad sexual que, en cierto modo, alarga la vida. El toque está en evitar que acerque la muerte o su pródromo, que es la enfermedad, y eso no resulta controlable en una sociedad comunicada en la que burlar al almotacén está tirado porque para comprar en ella no hay que ir al mercado: te lo llevan a casa. Y eso –la “pastilla azul” que llega por correo, el “popper” que se merca en la misma discoteca—ya no es el avío inocuo de la Trotaconventos o el polvo mágico de Celestina, sino la droga eficaz cuyas consecuencias se ignoran, por más que serios indicios señalen riesgos neurológicos. Se puede celebrar el invento sin dejar de sentirse inquieto por las consecuencias de su empleo impropio. He repasado atónito la oferta de Internet y realmente es para preocuparse porque constituye una auténtica barra libre contra la que imagino que poco han de poder las crecientes leyendas que hablan de víctimas famosas. No olvidemos que estamos ni más ni menos que ante un sueño milenario hecho realidad, un sueño que si puede despeñar a unos, sin duda da vida a muchos otros. Y una vez más comprobamos la dificultad del ángel caído para controlar el Progreso. Dicen que el hombre es el único animal capaz de causarse daño a sí mismo. Mi amigo está convencido de esa inhumana conclusión.

7 Comentarios

  1. No entiendo su reticencia sobre ests progreso de la ciencia médica. ¿Se debe a su temor a los efectyos del abuso, por ejemplo entre la juventud? Si no fuera así, repito que no lo entiendo en una persona como usted.

  2. Nadie duda de la ventaja vital que supone el invento, pero acabo de echar el vistazo a la publicidad de la Red de que habla la columna y, verdaderamente, es de lo más inquietador. Aparte de todo, que los jóvenes se apunten al consumo de afrodisiacos resulta, además de extraño, muy alarmente. Un tema interesante. No se olvide de que se ha hablado de una “nueva era” vital…

  3. No me alarma sino me extraña la necesidad de viagra por parte de la actual juventud.
    Tema y comentarios me recuerdan una historieta que con la benevolencia de Vds. me atrevo a resumir:

    “Se encuentran dos ancianos que habían hecho la mili juntos y como suele ocurrir se produce el inevitable cruce de recuerdos.
    -¿Te acuerdas del sargento Mendoza?
    -¿Te acuerdas de las maniobras que hicimos?
    -¿Te acuerdas del bromuro que nos daban con el rancho para que fuéramos buenos chicos?
    Sí, sí, pues ahora esta empezando a hacerme efecto.

  4. El descubrimiento es de época, no cabe duda. Otra cosa es el abuso que de ´
    el pueda hacerse en jna época en la que el consumo de drogas se ha convertido en algo universal. Esos “poppers” tengo entendido que son esnifados como euforizantes. Y me pregunto por qué una juventud tan libre necesita de estímulos para funcionar. Hablamos hoy de dos cossa muy distintas, por supuesto, una de las cuales supone un avance para el hombre en general, y la otra un riesgo para la parte más deíbil de la sociedad.

  5. Creo que Viagra es sólo una punta del iceberg, la parte más visible y -si así lo prefieren- más científica y seria, con sus diagnósticos, sus disfunciones y consultas médicas. Por debajo asoman en tromba publicitaria la factoría de productos milagro, los consejos milagro (la publicidad en radio hace una buena combinación de ambos), los echadores de cartas, etc.

    Hace poco leí un artículo donde se decía que la sobreexposición a la pornografía hace que muchos varones, incluidos muchos jóvenes (con seguridad don NN), tengan dificultades para tener relaciones satisfactorias. Va a ser verdad lo que decía Sancho Panza: la mejor salsa de todas es el hambre, quiero decir, el quedarse con ganas de más.

    Sdos.

  6. ¡Qué locos somos los hombres! ¡Qué falta de mesura en todo lo que hacemos! ¡Cómo nos pasamos de un extremo a otro! Creo que lo que mata el deseo es que no tienen nanda que desear. Cuando te lo ponen todo demasiado fácil y que copular es un gesto higiénico, habrá dias en que se quitan las ganas….como a aquel aquien un día no le apetece laverse los dientes.Pero eso no puede ser. Uno no puede esperar a que le apetezca… El fallo técnico está muy mal visto, de forma que hay qu tomar pastillitas, aunque se tenga 20 añitos…..
    Otra cosa es que estés enfermo y que el médico te recete lo que tu situación exija.
    Vamos que antes si te tirabas a una mujer fuera del santo matrimonio era pecado mortal y hoy si no te la tiras lo mismo.¡Qué ganas de complicarse la vida! ¡ Y qué borregos!

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