Una novela policiaca de un autor de éxito en Grecia, Petros Markaris, está armando la revolución como best-seller de temporada. Se titula “I Pairaiosi”, término que en griego clásico se traduce por juicio final y en demótico por “reglamento”, y parece ser que va a ser el mayor éxito de ventas en un país arruinado que ve en la historia de un criminal en serie de ricos evasores una estampa vindicativa y, en consecuencia, consoladora. Markaris, que describe la historia de un justiciero que, por su cuenta y riesgo elige y depura  a los magnates evasores de impuestos, ha debido avisar en la portada de su última reedición, inquieto por el efecto que su ingenio pudiera provocar, esta advertencia terrible: “Atención: esta novela no debe ser imitada”. Grecia está, evidentemente, que arde, desesperada por un ajuste brutal que ha colocado al país al borde del abismo, y en esa circunstancia, Markaris cree que la literatura policiaca es el género más adecuado para reflejar la desesperada experiencia de una muchedumbre que sabe que lo que está ocurriendo no es sino la consecuencia de un régimen elitista que apenas venía sosteniéndose en pie a base del fraude fiscal generalizado, lo que querría decir que la realidad última de esa sociedad es de índole criminal. ¿Dónde están los navieros de fantasía, dónde la burguesía liberal constituida por los altos profesionales que, además de no cotizar, controla los resortes del Poder por el procedimiento de financiar a los dos grandes partidos que son, por cierto, los únicos que defienden ahora el obligado ajuste? El asesino en serie creado por Markaris está triunfando, probablemente, a causa de un descontento difícilmente separable del morboso deseo de venganza que siente una mayoría que se reconoce por completo ajena a la catástrofe provocada por el viejo régimen clientelar.

De la profundidad de la crisis griega da un idea el aumento vertiginoso del número de suicidios registrados (un 22 por ciento, aunque se teme que la cifra real sea mayor a la declarada) y del riesgo de fractura interna la propia radiografía electoral de un país que se cree forzado a buscar una solución de emergencia en los extremos del espectro político, olvidada, al parecer de que la inmensa mayoría de la población ha venido siendo cómplice de ese estado de cosas, conformada con las migajas del festín. Markaris encabeza su obra con una cita de Constantino Karamanlis que definió a Grecia como “una gran casa de locos”. Ese dudoso loquero no sabe, a buen seguro, que exactamente lo mismo dijo Amadeo de Saboya de esta España que a él le sugería la imagen de una “gabbia di pazzi”.

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