Las primeras, en privado, las segundas, en público. La campaña electoral –“Con las cosas de comer no se juega”, proclamó hace tiempo un ya amortizado líder andaluz— parece haber suspendido, de momento, las clamorosas hostilidades entre Sánchez y doña Susana. ¡Quién podía imaginar esas imágenes felices hace sólo unas semanas! Pero ahí están, fraternos y partidos de risa, mitineando por nuestras provincias, esos enemigos íntimos que medio mundo sabe que están destinados sin remedio al conflicto. Esperen a que pase la Semana Santa y verán como ensombrecen esos gestos radiantes para volver a la mueca, temo que lo mismo si triunfan que si fracasan en su empeño. Los odios políticos pueden disimularse pero la experiencia demuestra que son inextinguibles.

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