Hablando de mi maltrecha rodilla, el Dr. Antonio Vizcaíno me revela un hallazgo de esos que vuelven apasionante la teoría de la evolución, a saber la ley dictada, a caballo entre el XVIII y el XIX, por el doctor Jacques Mathieu Delpech, y que enuncia el principio de que los músculos adquiridos más recientemente por el cuerpo humano en su proceso evolutivo son justamente los primeros que se pierden. El cuadricep o el deltoide, responsables respectivamente de la postura bípeda y del hábil manejo de los brazos, serían esas adquisiciones benjaminas que, en efecto, acusan tan gran deterioro en circunstancias adversas, como testigos de cargo que son de la implacable jerarquía del tiempo en el proceso que nos constituye y prueba de que, no sólo “Natura non facit saltus”, sino de que esto que somos viene a no ser más que un montaje cuya lógica es esencialmente histórica. El doctor Delpech no acabó bien a pesar de su contribución a la ciencia, pues por lo que sé acabó ejecutado de un pistoletazo por un paciente disconforme con el resultado de una intervención de varicocele, pero a mí lo que me ha llamado la atención del caso no ha sido este desenlace trágico sino el enunciado de esa ley que nos humilla tan discretamente como especie al recordarnos nuestra condición mutante y, en cierto modo, fortuita, cosa que siempre viene bien para frenar nuestra arrogancia animal. La metáfora del Génesis (muy anterior a él, por cierto), es decir, lo del hombre modelado con arcilla e insuflado con el soplo divino, ha de entenderse, en todo caso, en una perspectiva secuencial y nunca como una viñeta instantánea. Por algo decía Ortega que el hombre es Historia tanto como Naturaleza, aunque, ciertamente, con ello estuviera haciendo otra metáfora, pues una y otra no han de ser más que dos dimensiones imbricadas e inextricables a la manera que, según probó Einstein, lo son también el Tiempo y el Espacio. No somos nadie, está visto a poco que peguemos la oreja al lento discurrir de las horas en el torrente que llevamos en la masa de la sangre.

 

Somos éxito y fracaso, el resultado sumatorio de situaciones y eventualidades que nos ponen expeditivamente en nuestro modesto lugar, y por lo visto llevamos las pruebas de esa condición grabadas en nosotros mismos tal como el metal precioso exhibe el contraste que lo autentifica. Pero sobre todo somos tiempo, “durée” bergsoniana acumulada en el laberinto del propio soporte físico, días, años, milenios de cambios adaptativos que encima conservan intacta su memoria vital. Lo de mi rodilla ya no está tan claro. El doctor Vizcaíno no sabe que acaso es todavía mejor antropólogo que médico.

7 Comentarios

  1. Uso hoy el tratamiento porque, aunque el silencio domincal se haya imouesto, la columna tiene mucha miga. Profunda, culta, escrita con sabiduría, es muestra de lo que el gran periodismo culto fue en tiempos en España. ¡Lástima de domingos!

  2. Confieso que la columna merecería que la aprofundizara mucho más pero me falta el tiempo…
    Besos a todos.

  3. Columna señera, lástima que no haya tenido eco en el Casino. jagm profundiza de vez en cuando, cuando menos se espera, como pocos en la prensa nacional y me atrevo a decir que en la reflexión nacional. Hoy, o mejor dicho ayer, fue una de eesas ocasiones brillantes en que de un motivo casi fútil (y en este caso no pocop hipotético) sabe sacar petróleo reflexivo.

  4. Encantadora columna, sobre una anécdota al menos dudosa pero admirablemente explotada por jagm. Donde hay talento y pluma sobra hasta el tema. Creo que ayer se pudo comprobar aquí.

  5. Mucho lamento lo de la maltrecha rodilla de nuestro amigo ja.

    En cuanto al curso de la evolución creo sinceramente que la aparición de la última especie, la nuestra, ha sido y es la mayor desgracia que le ha ocurrido a nuestro planeta en los últimos 80 millones de años.

  6. No me sea pesimista, don Griyo, que usted es hombre bienhumorado y sería lástima grande perdernos su buen humor. El tema apasionante, divinamente hilado sobre tan leve premisa y desarrollado con la eficacia que es habitual en nuestro amigo. Confieso que éste es el jagm que más me gusta junto al lírico, que tanto escatima en su trabajo. Cuando el periodismo crece se agradece, sobre todo en vista de lo que hoy se prodiga.

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