El sol sale para todos, dice (aproximadamente) el evangelista, y lo recordábamos el Domingo de Ramos cuando se fue la lluvia y el pueblo en paz se echó a la calle actualizando una vez más sus tradiciones. Contrastaba esa imagen andaluza con los nubarrones catalanes y el espectáculo del acoso narco a la fuerza pública en La Línea, que forzó a los agentes incluso a disparar al aire.Y contrastaba también, sin duda, la función cordial de la paz civil con el rumor inútil de la pelea política, unos contra otros y todos contra uno. Habrá que estirar todo lo posible el día radiante con la esperanza de que, sobre el conflicto ruidoso, fragüe el consenso que se respira en la calle. No hay espectáculo como el del sol tras la borrasca. Y menos en el paisaje de la vida.

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