Leo entrecomillada la frase del Defensor del Pueblo Andaluz, José Chamizo: “Las asociaciones andaluzas son rehenes de la Administración”. Y su explicación: eso es así porque “han ido perdiendo independencia al depender exclusivamente de subvenciones y fondos públicos”. La cacareada “sociedad civil” no existe porque la ahoga la influencia política. Desde un colectivo a gay a los grandes sindicatos pasando por los grupos vecinales, toda asociación vive aquí del presupuesto público, lo que las convierte en terminales más o menos sometidas de la Junta. El poder no quiere competencia y la evita comprándola. Esa denuncia del Defensor explica mejor que un tratado el fracaso cívico de esta sociedad.

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