Tienen que indultarme, por favor, pero no trago con el cuento de las declaraciones de bienes de los políticos como garantías de su probidad. ¿O es que no sabemos cuánto se puede hacer con los bienes, qué infinidad de técnicas, más o menos jurídicas, hay para ocultar lo mío en tu bolsillo o lo tuyo en el mío? Hay paraísos fiscales por todas partes y hoy sabemos que desde máximos responsables políticos hasta alguna diócesis de la Iglesia, en ellos han guardado o guardan su tesoro. Cuando todos, por fin, hayan hecho pública sus declaraciones y las de sus cónyuges, en nada habrán mermado las posibilidades del trilero. La prueba vamos a tenerla en la continuidad de la corrupción.

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