No he acabado de entender, en su intrincado pormenor, el lío del “caso Armstrong”, líder decapitado del ciclismo, un deporte, seguramente interesante, pero del que a un servidor sólo interesa el paisaje. Expulsar del negocio a quien durante años ha sido su más brillante cabeza, sin una sola prueba, al parecer, sino con los testimonios prestados contra él por un puñado de colegas, sabe Dios por qué causa y razón, que le acusan de haberse dopado igual que ellos, me parece una operación que no encaja en ningún tipo de procedimiento razonable de enjuiciamiento civilizado. Ahora bien, hacerlo a pesar de reconocer que al desposeído le habrían hecho en su vida deportiva el ciento y la madre de controles sin detectar indicios serios de dopaje salvo en un caso que, también al parecer, fue olvidado a cambio de un importante donativo por parte del corredor, me resulta ya escandaloso. Hemos dicho y repetido que la droga, de la naturaleza que fuere, ha acompañado siempre a la competición –en los Juegos Olímpicos primitivos los atletas griegos no escatimaban las pociones estimulantes–, aunque haya que admitir que los procedimientos actuales resultan verdaderamente draculinos. Pero aparte de la arbitrariedad procesal aplicada al famoso ciclista, lo cierto es que las autoridades encargadas de combatir esas prácticas peligrosas están demostrando una insolvencia que, los casos de Marta Domínguez y Alberto Corredor, han demostrado sobradamente. Sospecho que no hay hijo de vecino que no diera positivo en uno de esos controles habida cuenta de la ubicuidad de esas sustancias dopantes que lo mismo se venden sin receta en las farmacias que vienen en un inocente solomillo. Arruinar a un campeón tan singular en las circunstancias en que se ha hecho, me parece a mí que perjudica más que a nadie al ingenuo sistema con que se pretende depurar el deporte a pesar de su repetidísimo fracaso.

Lo que a mucha gente nos parece es que tal vez lo que sobra son esas federaciones y confederaciones millonarias que saben de sobra que el dopaje es moneda común del deportista como lo es en la del ciudadano peatón. Sabe Dios lo que se meterán en el cuerpo (y quién sabe si en sus bolsillo) los jueces de esos jurados tan severos que tal vez no han comprendido o no quieren comprender que su tarea es como tratar de vaciar el mar con el cubo del que hablaba san Agustín. Esta aporía se resume en la pregunta de quién coños controla al controlador.

6 Comentarios

  1. Lleva toda la razón. Esto del deporte es un negocio en el que ha bregado incluso Urdangarían, imaginen. La exigencia competitiva es la causa de estas barbaridades que hacen los deportistas y esa culpa debe repartirse entre mucha gente, incluyendo a los aficionados.

  2. Esas maniobras perjudican al deporte en general que a gomez marin no parace interesarle mucho, y también de chiringuito a los trincones que los adminstran. Los deportistas nos merecíamos algo mejor.

  3. “Menos latín y más deporte”, dijo el ministro Solís, “la sonrisa del Régimen”. Ahora habría que decir “más deportes” y menos sanguijuelas.

  4. Este debe ser el momento de la Historia con más “comisarios” en todos los sectores. Nuestro (de quien sea) Samaranch, reconvertirdo de fabricante de útiles deportivos en gran jefe del olimpismo mundial es el mejor ejemplo. Ahora creo que le ha sucedido su hijo.

  5. Irrebatible el criterio de la columna. Esta sociedad hipermedicinada no tiene derecho a exigir a los deportistas lo que no le exige a susn dirigentes o a sus banqueros.

  6. Estimado Don Panglos si seguimos su razonamiento ya no se le puede exigir nada a nadie. Y creo que , efectivamente, es lo que pasa.

    No estoy de acuerdo en absoluto con la columna de hoy. Pienso que algo ha tenido que hacer este señor para que los americanos, tan legitimamente orgullosos de lo propio, hayan decidido apearle a Armstrong de su podium.
    Que lo hayan hecho sin pruebas y simplemente con graves sospechas y la colaboración de otros corredores es efectivamente molesto pero es que Arstrong dejó el deporte. Quizas lo haya dejado porque las investigaciones le iban acorralando.
    Besos a todos

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