El Museo de Historia Natural de Londres ha decidido exponer al público la barba de Darwin, o lo que queda de ella, justo ahora que la barba masculina vive uno de sus momentos históricos más bajos, lejanos ya los años revolucionarios en que llegó a convertirse en un auténtico emblema de la identidad progresista. Recuerdo el caso insólito de un economista contratado en la vieja Presidencia, M.B.,  que desobedeció la orden tajante del almirante Carrero de afeitársela sin excusas, desoyendo incluso las consideraciones moderadas que le hizo llegar López Rodó, pero es evidente que la barba ha perdido hoy la intensa significación simbólica que por entonces había logrado darle la vuelta al significado tradicional de elemento de respetabilidad aparte de signo inconfundible de virilidad. Por su parte nada menos que ‘Times’ ha organizado una encuesta para calificar las diez barbas señeras de la Historia en un   ránking que encabeza Karl Marx seguido de Rasputín, Lincoln, Lenin y hasta Fidel Castro, y en el que se incluye absurdamente la atribuida por la tradición a la figura de Cristo, un rasgo tardío en la iconografía, como probó hace mucho tiempo Émile Mâle, que no figuraba en las representaciones primitivas en las que Cristo aparecía como un efebo imberbe hasta que su imagen fue desbancada, en el arte de Jersusalem, por la de un oriental maduro con poblada barba negra y largos cabellos. No podemos entrar aquí en la trascendencia simbológica y teológica de este cambio radical como no sea para recalcar que obedece a una profunda mutación en la interpretación evangélica que, en esa fecha tardía, se ocupa ya en construir un mensaje más severo y acorde con el antiguo prurito de respetabilidad. Nadie vio ni habló nunca de esa barba de Cristo que ‘Times’ incluye junto a esas otras del todo terrenales.

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He visto pocas iniciativas tan banales e impropias de un ‘medio’ tan prestigioso, en cualquier caso, como ésta de exponer barbas tan dispares en una misma vitrina, como si ese aditamento no hubiera sido en la historia imaginaria del hombre –desde los egipcios a los griegos pasando por los celtas– bastante más que un aderezo estético, como lo demuestra el hecho de que fuera utilizado incluso por las mujeres principales como señal de alcurnia y soberanía y como un modo de igualar los derechos entres los sexos. Hoy mismo se mantienen  viva entre los fundamentalistas hebreos la prescripción del ‘Levítico’ de no cortar la cabellera ni recortar la barba, nota de virilidad y categoría, y tengo entendido que una barba de Mahoma –ésa por la que juran sus enfervorizados fieles en casos extremos–  puede verse expuesta y venerada en la ciudad de Srinagar. Lo que ha dejado de ser la barba es indicador sociopolítico, signo por el que se distinguían –no poco equívocamente, todo debe decirse—las izquierdas de las derechas antes de que todo el monte utópico y reivindicativo se convirtiera en orégano neoliberal. Hoy no veremos jóvenes barbados sino en raras ocasiones y salvo excepciones vamos a encontrarnos con responsables políticos y menos con ejecutivos que no luzcan cuidadosamente rasurado el rostro, lo cual no debe tomarse por nada definitivo pues bien sabemos que también en la Roma de César se impuso la tez rala hasta que Adriano popularizara su barba poblada, al contrario de lo ocurrido en China, donde las reverendas barbas patriarcales de la tradición  han sido sustituidas hace tiempo por el rostro lampiño. ¡El mundo cayéndose a pedazos y los grandes responsables de la opinión organizando exposiciones de barbas célebres incluyendo las inventadas! El fetichismo constituye un expediente seguro, al parecer, siempre que se trate de distraer al personal, con su oscura atracción, de otras preocupaciones más inquietantes. LO saben bien quienes conjuran esta hora difícil con los cuatro pelos de un relicario.

7 Comentarios

  1. Divertidísimas barbas pero como voy con retraso os pongo parte del artículo de ayer: «salir de ese lugar imaginario de un solo paso, como quien se salta las bardas del paraíso con pértiga prestada, y encima para asistir a un conciliábulo que lleva muchas papeletas para fracasar en el intento y disolverse dejando tras sí apenas un puñado de palabras y buenas intenciones.»
    Luego vuelvo para comentar las barbas.
    Besos a todos.
    Marta

  2. La mía desapareció en cuanto ví al Narcís Serra con ella.

    Me dije: «Esta no puede no formar parte de mi imagen externa».

  3. …y entronces, Anate, se afeitó y al mirarse en el espejo se vió rasurado como Aznar, como Zp o como Bush…

  4. Inteligente columna de este sempiterno antinacionalista. Hoy se ha lucido con un tema que debería sacarle los colores al prestigioso periódico del que nos habla.

  5. La reflexión del maestro nos hace tomar conciencia que esos detalles, como muchos otros, adquieren el sentido que se les quiere dar, algo totalmente subjetivo, que se modifica según las épocas y las culturas. El otro día estaba mostrando fotos de mi abuelo, que murió con barba canosa y , para sorpresa mía, me preguntaron si era judío, lo que no era en absoluto. Me explicaron que era «por la barba». Los asirios también llevaban barba: los «signos exteriores de riqueza» (saber, conocimiento, poder, importancia social) son muy mudadizos y tornadizos. Hoy, si eres rico de verdad no llevas dinero ni móvil. ….Vamos, como yo….o casi…

    Besos a todos.

  6. Este hombre de Dios se deja caer con toda la retranca del mundo, señalando con su índice afilado las majaderías que, como bien concluye, medios considerados serios nos echan como alpiste o migas a las palomas, para que bajando la cabeza al reclamo, no la levantemos para reflexionar sobre otras cuestiones ‘que no tocan ahora’.

    Si ‘The Times’, ‘El timo’, como traducían nuestros tebeos infantiles, se/nos entretiene con semejantes escaramuzas banales, imagínense con qué distraerá a sus lectores el semanal ‘El correo de Villamembrillos’ o la prestigiosa emisora »La voz de Raboconejos de Arriba’.

    En cuanto a la barba del Nazareno, está claro que el márquetin ha funcionado de siempre. Creo que hasta que no llega el románico -sé que estoy pisando terrenos resbaladizos- unos guasones, como el Maestro Mateo, fijan en piedra una iconografía raíz, a partir de la cual se conservan los patrones que siguen adaptándose a las modas, de forma más o menos sutil.

    En cuanto a las barbas actuales, no coincido con el Maestro en la idea de que los jóvenes no van barbados. Se mantiene la corriente neopseudo jipi que acompaña las rastas con barbas greñudas y hasta amenazantes. Por otra parte, debido a que los furgoleros se dejan de afeitar unos días antes de los partidos, para ser más amenazantes nate sus rivales, se extiende la costumbre de la ‘barba de tres días’, que incluso requieren un cuidado exquisito, véase al pobre Llamazares, para que cada día parezca exactamente igual que el anterior. También están ‘la mosca’ bajo el labio inferior y esas patillas o regueros de hormigas perfilando las mandíbulas. Hay gente pa tó.

    El Anfi nombra a don Karl, a don Vladimir y a Fidel. Pues alguien, que sepa algo más del tema que esta vieja chalada, bien podría echar su cuarto a espadas sobre la debacle de este pasado fin de semana, con la situación de ‘sede vacante in Sinistra Demersa’, antes ‘Sinistra Iuncta’: La rosa cordobesa con un pie en el capullo; los peceros sacando aún minoría mayoritaria; los trosktos tipo Marinaleda proclamando utopías del s. XIX… Y así tó seguío y la Casa sin barrer. Válgame Santa María del Desconsuelo, qué pena de hija.

    Besos a todos. (Con el copyright de Madame).

  7. Para Barbas, como las del opositor a la plaza de osito de Tous, ninguno me refiero naturalmente a torrijos, vaya elemento. Un saludo

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