Recuerdo la visita a la Complutense de Pierre Mesnard a principio de los 60. Venía a presentar su obra sobre Bodino, a la que había puesto prólogo Maravall, entre amistosas pullas a Javier Conde y Nicolás Ramiro Rico. Bodino estaba de moda y con él su teoría de la soberanía que hoy día nos vendría al pelo a la hora de participar en esta discusión insolvente sobre la “cesión” de la misma que vamos a tener que hacer –nosotros y los otros—si queremos salir del atolladero. ¿Acaso no hemos sido siempre más o menos condicionados en nuestra soberanía? ¿Hubo alguna vez un país plenamente soberano aparte de los que, cada momento, han ejercido la hegemonía? Roma, España, Francia o Inglaterra absorbieron en su día la soberanía ajena de manera mucho más abrupta que hoy pretende hacerlo, por razones societarias, la UE y yo no veo en ello mayor problema recordando que para aquel pionero que fue Bodino no pasa nada por distinguir entre la “cité” y el “état”, que en el futuro corresponderán a las naciones asociadas y la comunidad europea respectivamente. Es verdad que para aquel adelantado, como la sujeción es lo que hace al ciudadano, no hay más soberanía que la que ostenta el poder no sometido a ningún otro, pero no veo contradicción en ello a poco que consideremos la cesión voluntaria a la comunidad superior como un acto libre y, en consecuencia, también soberano. Nuestras viejas naciones serán en adelante, probablemente, “cités” bodiniana,s mientras que la UE tenderá a ser un “état” o no será nada. Se puede ser ciudadano de un país cumplido más allá de las diferencias de lengua, creencias, privilegios, inmunidades, leyes y costumbres e incluso autonomías, se pensaba en el XVI cuando Bodino diseñaba su ideal de República. Cinco siglos después  es la realidad –¡la crisis, ay!—la que se ha encargado de probarlo.

En Francia a esta reserva de raíz nacionalista le llaman chauvinismo, en España se ve como cosa propia del patriota, en Inglaterra ni se lo plantean y en Italia pasan un kilo del debate, pero la realidad es que habremos de reinventar algo muy parecido a la fórmula federal si queremos administrar un continente ni más ni menos que como lo vienen haciendo los americanos desde Jefferson. ¿Qué pasa porque en Bruselas se ocupen de una política fiscal única o una política agraria común? Pues nada de nada a poco que seamos socios leales pero firmes. El euroescepticismo es ya una pura superstición para uso de anglicanos e islandeses. Y a mí, cuando el mundo de todos se nos viene encima como un sombrajo, la verdad es que me resulta incomprensible esa obcecación.

6 Comentarios

  1. Tendremos que estar contentos con lo que ha ocurrido en la cumbre europea, teninedo en cuenta que este personal no da para más. Respecto a lo que jagm comenta sobre el concepto de soberanía, mis respetos a su conocimiento y a su buen criterio. También yo creo que fetichizamos lo de la soberanía hasta un punto absurdo. Y que tenemos mala memoria…

  2. Se nota el largo puente, el inacabable, pero esta columna bien merece atención, no sólo por cuanto tiene de culta sino por su excelente lógica a propósito de la cesión de soberanía. Siempre es difícil enfrentarse a los tópicos y este de la soberanía es uno de ellos en la medida en que se beneficia de una especie de temor reverencial. Aquí hoy no se cae en esa trampa y uno s¡e alegraal comprobar que aún hay gente que piensa por su cuenta. Y riesgo…

  3. Conforme en todo y nostálgico de aquellos años en que todavía la Universidad era la Universidad. Yo también recuerdo a Mesnard, alto, solemne, pausado, distante y familiar a un tiempo con los estudiantes… Gracias por la ocasión, querido. Un abrazo.

  4. Tenga usted en cuenta que existimos personas, españoles sin ir más lejos, que no estamos de acuerdo en que las decisiones sobre nuestras cosas las adopten señores de fuera que ni que decir tiene que tendrán sus intereses particulares. La soberanía es inalienable o dejaría de serlo, no se puede compartir ni repartir.

  5. Lo que los ingleses se niegan a ceder no es la soberanía sino el negocio: el de la City, el de sus paraísos fiscales en los que controlan the big money en todo el mundo, limpio y sucio. Cero que Europa saldrá del atolladero y ellos tendrán que volver. Sus primos americanos no los quieren tanto como ellos se creen.

  6. El enfoque de Bodino da la medida de cultura del autor, y es un apoyo fuerte para su postura inteligente de que si somos socios nhabrá que compatir soberanía. Eso pasa en todsas las asociaciones humanas, desde la fa,ilia a la empresa. Pocos han podido presumir en este mundo de no ceder ni un milímitero en su soberanía.

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