Continúa la crónica veraniega del festín político, desde la millonada del alcalde de Sevilla al pelotazo del presidente de la Diputación de Almería (uno que acaba de perder las elecciones en su propio Ayuntamiento, no se lo pierdan), desde los miliardos de euros despilfarrados por la banda marbellí en “protocolo” y pamplinas a las desmesuradas facturas pagadas por delegaciones de la Junta en festejos y cuchipandas. El alcalde de Sevilla dice, encima, que criticar esa orgía es antidemocrático y declara que a él personalmente le parece todavía insuficiente lo que cobra una eminencia profesional como él o como sus mariachis, dicho sea a pesar de que el propio Chves –¡calculen!– ha creído imprescindible sugerir la necesidad de regular institucionalmente el inmenso “saqueo legal” que padece esta región colista y resignada. Junto a los bucaneros del “management”, los políticos son los únicos trabajadores (en fin, valga el término) que se fijan el salario y las condiciones de trabajo a sí mismos. Pocas cosas le han causado un daño semejante a la precita democracia.

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