Seguro que a los cachorros de lince nacidos en Doñana le está prestando la Junta más atención y servicios que a ese niño indomable de San Juan del Puerto, abandonado por sus padres y con el que abuela no puede. Los servicios sociales de la Junta no ven solución alguna fuera de internar al niño en uno de sus controvertidos centro de menores, a lo que, con no poca lógica se opone la abuela, que pide un esfuerzo de reeducación no una medida tan peligrosa como encerrarlo en uno de esos seminarios de delincuencia. No disponemos hoy en Andalucía de una razonable política de menores, como lo demuestran los numerosos casos en que la Junta se ha visto involucrada pero acción u omisión, y sobre todo, esos servicios carecen de recursos para situar las situaciones en un término medio. Si ese menor de San Juan acaba delinquiendo gravemente habrá que mirar hacia esos responsables que en treinta años no han sido capaces de organizar una respuesta a tan grave problema.

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