Se demostró en el último pleno, tras el absurdo maratón de imputaciones precipitadas con que esa oposición sin ideas ni nervio, pretendió escenificar la comedia de la nueva era. Se echó de menos a Andrés Bruno Romero, ésa es la verdad, incluso con su áspera dialéctica y sus encoñes visibles, por la sencilla razón de que en el equipo (¿) de Parralo no hay nadie que se aproxime siquiera al defenestrado en punto a conocimiento del urbanismo de la capital y demás circunstancias políticas. Aburridos, vacíos, improvisados, incluso inverosímiles, los zambombazos que Parralo pretendió darle al Alcalde antes de que se cumpla siquiera el plazo de los cien días corteses, acabaron en bostezos hasta dentro de su propio grupo. Mal comienzo. Tener que echar de menos a quien se puso en la calle sin previo aviso debe de resultar duro. Seguro que Parralo lo reconoce en su fuero interno.

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