Si la autodefensa del ministro Ábalos fue de vergüenza ajena, el silencio de doña Susana no deja de ser injustificable. Tenga ella su cuota de responsabilidad en las corrupciones juzgadas o no la tenga, es obvio que ni el PSOE nacional es ajeno al saqueo condenado –como pretende aquel– ni el partido andaluz actual puede pretender que nada tiene en común con sus predecesores. La sentencia del martes ha hecho trizas al montaje socialdemócrata en su conjunto, aparte de que doña Susana lleva trajinando en los pasillos de Monipodio ni se sabe desde cuándo. Los que creemos que esta catástrofe anunciada daña gravemente a Andalucía estamos convencidos de que la autonomía del futuro requiere una refundación radical de las dos viejas opciones. La ex-presidenta no tiene ya sólo a Sánchez enfrente, sino a una expectativa pública que probablemente apoyará electoralmente su relevo.

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