No se lo pierdan. ¿Se acuerdan del maletín de Ollero, el pelotazo que, según se demostró en el juicio anulado por defectos formales, le había dado un  promotor al hermano del director general de Carreteras para obtener  una adjudicación? Pues bien, por ahí anda el maletín dando vueltas, hasta el extremo de que la Audiencia ha requerido a las partes para que se pronuncien sobre el destino que debe darse a ese dinero procedente de un cohecho como una catedral. El ciudadano de la calle se preguntará cómo es posible que el dinero incautado a un cohechador probado aunque absuelto haya que devolvérselo al que lo dio o al que lo recibió, pero el derecho, que tantas veces se escribe con renglones torcidos, requiere estas ceremonias desconcertantes y definitivamente desmoralizadoras. ¿Se le devolvería la navaja a un navajero absuelto por un defecto del procedimiento? Cualquiera sabe, pero tal como están las cosas, quizá sea mejor no dar ideas.

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