Vean a las mujeres del feminismo de nómina (las del Instituto Andaluz de la Mujer) alinearse con las radicales que andan diciendo que el uso del burka no tiene nada de diferente con el del hábito monjil. Escuchen al presidente Griñán (“¡Llamadme presidenta…!”, ya conocen su invitación) hablar de inyecciones de testoterona por referencia a la decisión de ZP de romper la paridad, como si esa chorrada fuera ya una norma forzosa en un gobierno democrático. Simple ruido. Estos excesos pueden perjudicar la causa razonable del ascenso femenino pero son en sí mismos incapaces de producir beneficio alguno. Con la que está cayendo, además, ese ruido no deja de ser lamentable además de idiota.

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