En los EEUU continúa la conmoción provocada por las confesiones públicas del gobernador de Carolina del Sur, Mark Sandorf, quien entre lágrimas ha confesado ante su santa esposa que se piró una semana a Argentina con su amante porteña. A los americanos les divierten estos vodeviles conmovedores pero los contemplan de otra manera que lo harían los europeos y, por supuesto, los españoles, en la medida en que lo que les atrae de cada caso no es la aventura en sí –a ver por qué un político no iba a merecer el mismo trato crítico por su conducta sexual que cualquier otro ciudadano infiel a su pareja—sino la conducta pública del implicado. El ‘Washington Post’ acaba de descubrir la existencia de un establecimiento correctivo en el que un grupo religioso trata de reconducir al buen camino a los descarriados mediante diferentes técnicas entre las que se incluye la meditación y lectura de la Biblia, los reencuentros conyugales y la oración para el perdón de sus pecados. El recuento que hace el gran diario de los líos del año incluye, además, del gobernador citado, al senador Engins, al gobernador demócrata de Nueva York Eliot Spitzer, al candidato John Edwards y al senador republicano John Viter, todos los cuales habrían pasado por el brete del arrepentimiento sin bien las consecuencias habrían sido distintas entre ellos. Pero el ‘Wall Street Journal’ ha terciado en el debate opinando que, más allá de las dimisiones forzadas de Edwards y Spitzer, la realidad es que en aquel gran país el pecado de infidelidad ha dejado de significar ya la muerte política del pecador. Es la mentira, el engaño, la trampa a la opinión lo que no perdona una sociedad, tolerante con sus hombres públicos de cintura para abajo pero implacable con ellos de cintura para arriba. Se ha dicho que en aquella puritana Babilonia, un político puede hacerlo todo con tal de que no lo pillen con una chica muerta o con un chico vivo en la cama, pero la verdad es que lo que allí no se tolera es la mentira, la insolvencia y la corrupción. El resto, la carnaza, queda sólo para los espíritus píos que regentan el reformatorio citado.

 

Creo personalmente que estamos dando al sexo, en cualquier caso, una relevancia impropia en la vida social, con tanta exhibición de la ‘diferencia’, tanto orgullo trasgresor, tanta pesquisa y tanta carroza. Y que los yanquis llevan razón cuando en un personaje público penalizan la mentira pero sobreseen el desliz que, por más que se lo apropien y manipulen los alcahuetes, propiamente no concierne más que al cónyuge afectado. Aquí nos hemos librado, por el momento, de ver a un prócer lloriqueando junto a su defraudada esposa y no parece que vayamos a verlo. Al menos en eso le llevamos ventaja a esos puritanos tan tolerantes con las pasiones pero tan duros con la defección del personaje público.

10 Comentarios

  1. Creemos que eso demuestra que los EEUnidos son uin país serios en ambos aspectos, el del respeto a la conducta privada y el de la intransigencia con los antivalores, la mentira, la incompetencia, la idiotez. Allá serían inconcebibles una ministra como Bibiana y tantas otras cosas que aquí se ven como nromales.

  2. Pero?qué importancia tiene lo que hace un ministro o cualquier hombre publico en privado? Lo que se le pide es que sea buen ministro, no qué le sea fiel a su esposa!
    Eso dicho , salvo excepciones, cuando uno trahiciona a su conyugue, con mas facilidad puede trahicionar al pueblo, al partido, al elector, o al ciudadano que le ha vorado.
    Besos a todos.

  3. Lleva mucha razón madame Sicard, como la lleva la columna, mientras que la invectiva de nuestro Vicente resulta injusta además de impropia. Lo importante es el rechazo de la infidelidad pública, puesto que la otra no concierna más que al cónyuge, como bien se dice antes, pero no deja de ser admirable que una democracia lleve tan a rajatabla su código del honor político en relación con la mentira. Si aquí hubiera que despedir a los pollíticos que mienten nos quedábamos solos.

  4. No hay que darle vueltas: los americanos (cierto que puritanos y demás) tienen claro que una cosa es la mentira política y otra la mala conducta privada. Pero no hay que olvidar que hasta hace bien poco, hasta el presente me atrevería a decir, esa responsabilidad que se exige por las acciones privadas le ha costado cara a muchos. El propio jagm cita a dos de elos que han perdido el cargo a ocnsecuencia del escándalo. Lo que no me parece adecuado es decir que en España somos más liberales, puesto que lko que ocurre, a mi manera de ver, es que la opinión pública no se considera un poder frente al Poder oficial, que es el único. Es un tema largo de hablar pero creo que por ahí van los tiros.

  5. Desde lejos tercio en favor de la democracia americana, que va progresando, como se ve, también en esta materia. Ya es menos “criminal” la aventura ilícita o simplemente libre, pero todavía se discute en torno a ella y trae de cabeza a más de un cuitado que tiene que montar el numerito de las lágrimas de cocodrilo delante de la señora, como el que se cita en la columna. En España hasta el jefe del Estado ha podido verse en lenguas sin que a nadie se le haya pasado por la cabeza pedirle cuentas. No quiero decir más, pero uestedes me entienden a buen seguro.

  6. Pues desde luego, si como dice la columna en yanquilandia no dan importancia a los asuntos de cintura para abajo, no es lo que reflejan sus leyes. En Washington DC para empezar por la capi, la única postura permitida legalmente es la del misionero (qué castos), en dieciocho estados está prohibido el sexo oral, en otros las relaciones fuera del matrimonio, etc, etc, con condenas de hasta 20 añitos, ahí es nada.
    Apúntese una D. Vicente.

  7. Me asomo al blog coincidiendo con Curro, que lleva más razón nque un santo, sin perjuicio de que, en efecto, como se sugiere hoy aquí, hay cosas que están cambiando aquí en USA. Esas instituciones, como todas, se resisten a desaparecer, como ocurrió con las que regulaban la esclavitud y tantas otras, pero llega un momento en que todo el mundo asume que son letra muerta. A pesar de lo dicho, lleva razón Ropón al señalar que la infidelidad y “delitos” similares están todavía muy vivos en la sociedad americana. Ustedes quizá no se den cuenta cabal, pero lo que ocurre es que América sólo es más liberal que Europa en la leyenda.

  8. No menospreciemos a los americanos, mejor será que nos mmiremos en el espejo. Aquí seremos m uy tolerantes pero estamos pudriéndonos ante una tele que cuece a fuego lento las miserias sexuales de un mont
    un de indecentes. ¡Y la audiencia es enorme! La democracia americana es algo serio por enima de las anécdotas. Recuerden lo de Nixon, aunque, es cierto que pueden respodnerme que recuerde yo lo de Clinton.

Responder a heródoto Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.