Para el personal generalmente ignaro de esos “aparatos” de partido que padecemos no hay mejor argumento ante la crítica o la disidencia que el del resentimiento. Un resentido hubimos de escuchar que era Escuredo cuando lo dejaron agarrado a la brocha o hace poco cuando se apuntó a la “plataforma” crítica, o Borbolla cuando se rebeló en la satrapía de Guerra, o Guerra cuando fue defenestrado por González, o Caballos cada vez que fue catapultado, o… Parece como si los “serviles” (el término es viejo: viene rodando desde Fernando VII) no concibieran otra razón para la discrepancia o incluso para la singularidad que la ambición ni otro argumento para la crítica que el reconcomio del perdedor. Ahora los resentidos, según el PSOE, son cualesquiera ciudadanos que, en uso de su libertad, se acerquen al PP o acepten participar en cualquier iniciativa adversaria, peor ya digo que, en tiempos, lo han sido también todos y cada uno de sus propios mandamases. El propio Pizarro, bocazas de guardia, será un resentido el día –“certus an incertus quandum”– en que lo boten a él. Que llegará, no lo duden, que llegará.

1 Comentario

  1. Creo que fue Nietzsche el que dijo que el resentimiento es un recurso de los débiles. Pues sí. Y en el caso de tanto y tanto estómago agradecido como pulula por el PSOE, huérfanos de posibilidades y ávidos de poder, es una expresión de supervivencia. Imaginemos a todos estos ganapanes sin oficio desconectados de la teta nutricia del presupuesto. Es que le criticas algo y se tiran al cuello: con las cosas de comer no se juega, te dicen. Estos no nacen con un pan bajo el brazo, sino agarrados al panadero. ¿Trabajar ellos? ¿Para qué? Que trabajen los demás, no te jode.

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