La Junta atiborra a los sindicatos (y a los patronos) de millones durante el año y aquellos le proporcionan una calculada dosis de “paz social”. Es el caso de esta huelga a la griega, no a la japonesa, que no tiene otro fin que oponerse políticamente al Gobierno de la nación por sus “recortes”, con absoluto olvido de los que aquí prodiga –porque no tampoco tiene otro remedio—la afilada tijera de Griñán. Unos y otros han estado callados mientras el paro escalaba hasta casi el 35 por ciento, y eso se traduce en una pérdida de estatus y de presencia que ahora pretenden compensar apedreando a Madrid. Nunca se vio a las instituciones secundar una huelga general como va a verse hoy aquí ni a unos sindicatos tan desprestigiados como los que llevarán la pancarta. Y mañana será otro día, otro día como uno cualquiera. Eso lo saben de sobra estos agitadores de cinco estrellas.

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