Poca gente se deja ya caer por el lago Ness. Ni turistas en bermudas ni “expertos” provistos de dudosos instrumentales echan ya a perros sus vacaciones espiando al amanecer la inverosímil cabeza del monstruo emergiendo de las brumosas aguas. Hay desde hace tiempo serpientes mejores reptando por la imaginación del personal, como esa, despreciable, que cada cierto tiempo lanzan a la actualidad los padres de la desdichada niña Maddie, la desaparecida del Algarbe, esos auténticos magos de la publicidad y la explotación del sentimiento ajeno que lograron trajinarse y meter en el embrollo de la niña perdida al mismísimo papa de Roma. Ahora se trata de desenterrar el caso tras la pista del fantasma de cierta mujer de sugestión australiana que alguna ‘garganta profunda’ y secretísima susurra haber escuchado en el puerto de Barcelona, por aquellas ya lejanas fechas, interesándose por el paradero de la desaparecida, una historia marcada por la trivialidad en la que no faltan ni el oportuno yate costeado ni los misteriosos trajinantes sin rostro imprescindibles para completar el reparto de la fábula. En Australia, una dama ha protestado con energía tras ser detenida a causa de una denuncia anónima, a pesar de no guardar, como ella misma explica en el “Sydney Herald Tribune”, el menor parecido con la celebridad en que se inspira el retrato-robot difundido por los investigadores (¿) del caso que pagan los McCann. Vale, puede que la opinión necesite de estas novelas y pague por ellas, pero no deja de resultar vomitivo que importantes ‘medios’ de todos los países entren al trapo y finjan un interés renovado en un folletín del que hace más de dos años vive tanta gente. La sociedad medial construye sus propios monstruos y comercializa sus explicables miedos sin necesidad de que una foto borrosa le desvele vagamente el misterio del lago.

Por supuesto que este caso ha sido una vergüenza desde su comienzo, pero cuesta entender que, a estas alturas, haya todavía periódicos que se hayan prestado al montaje para utilizarlo como serpiente de verano. De nuevo, pues, la imagen entrañable de la niña –¡esa memorable mancha negra en el iris turquesa!–, el retrato de la pareja administrando sus revelaciones y silencios, las colectas perpetradas entre ingenuos y sentimentales, el revuelo de enredadores y, menos mal, el cerrado escepticismo de unas policías hartas de ser manejadas por unos y otros desde hace demasiado tiempo. No es posible volver a ver esa fotografía sin conmoverse ni asistir a este ridículo montaje sin sentir en la entraña la lógica irritación. Algunas comedias deberían ser proscritas por una censura colectiva y espontánea nada más anunciarse en los carteles. Y más que ninguna ésta de la pobre niña perdida de los ojos inolvidables, única menor en el mundo cuya imagen se reproduce sin veladuras, ahora ya hasta en el quinto continente.

11 Comentarios

  1. Decididamente lo de la niña Maddie es un melodrada (melotragedia) cada momento más insufrible. Que es un negocxio nadie lo duda ya, aunque la policía portuguesa es aún bastante más dura con el caso. Sacarlo ahora, en pleno verano (la mejor época para que tabloides y prensa en general acepten la “serpiente”) es demasiado chusco. Perpo aún así sacarán entre unos y otros sus buenis duros, ya lo verán. Da asco, todo eso. Recordar a la niñita enternece hasta las lágrimas.

  2. Y que lo diga, doña Clara que, por cierto, dese por felicitada cariñosamente en su onomástica. ESte asunto huele a podrido desde un principio, aunque creo que la alusión al papa no debe tomarse más que en su justo sentido, es decir, como la respuesta de un papa al que se le acercann unos padres que acaban de perder a una hijita.
    Lo demás, desde los tabloides a los “investigadores” pasando por policías, padres y portavoces, sencillamente insoportable. No s edebería acoger en la presna estos enredos disfrazados de colaboración.

  3. Cuseta creer que un asonto tan tenebroso siga coleando porque interesa a todos. Una vergüenza para la sociedad, no solamente la española, sino las demás, pues en todas se presta oídos a estos cuentistas que se aprovechan de una desgracia como fue la desaparición de la niiña inglesa. No me fío de esos padres tan gélidos y calculadores. Lo siento pero es así. Y agradezco a la columna que saque el tema y lo denuncie sin contemplaciones.

  4. Los tabloides reparten basura porque hay quienes se alimentan compulsivamente de ella. Yo he visto alguna vez a un guiri mosquearse de mala manera porque se había agotado su News of the world en su kiosco habitual.

    La actitud de los ‘papás médicos’ desconsolados huele a podrido desde hace mucho tiempo. Los indicios encontrados por el olor a cadaverina de los perros sabuesos especializados hace ya tiempo que los dejaron con las vergüenzas al aire. Pero mientras se mueva la viruta y el exhibicionismo seguirán hozando los periodistas (?) en la m… y seguirán atiborrándose de ella los carroñeros. No sé por qué, sí lo sé, me viene a la memoria la madre Wanninkof haciendo caja con la foto de la hija a cuestas. Todo para vengarse de un despecho amoroso e intentar quedarse con el chalet de la Vázquez de paso.

  5. La Wanninkof, el de la niña de Alcácer o como fuera, tantos otros… No hay que confundir, no obstante, los padres desolados y con la vida rota por un lado, con los otros. Yo he visto a algunos amdmirables por todos los conceptos, a solas con su trageida y su dolor. No confundamos.

  6. Justo varapalo. Es una vergüenza lo que está ocurriendo en torno a los crímenes contra jóvenes o cometidos por jóvenes. Ahí tienen a los matarifes de Sevilla, cuatro angelitos, tomándole el pelo a polis y ropones. Justo leñazo, anfi. Demasiado tacto ha tenido usted hoy.

  7. No me explico tanta palabrería. no lo lean ustedes si tanto les disgusta y punto. Me parece que tiene todos ustedes muy poco que trabajar.

  8. Creo que este tipo de historias debe servirnos para no claudicar ante la sugestión de que esas miserias afligen a España especialmente. Hay pocas diferencias hoy entre unas poblaciones y iotras, entres unas socieddaes y otras, entre… unos medios de comunicación y otros. Esto último es más discutible, por supuesto, pues el calidad nos superan en mucho en no pocos países, pero al final no hay quien se salve de esta novelería vergonzosa que la globalización de la información favorece tanto.

  9. Lo cierto es que, en el momento que ocurre un suceso de cierta relevancia, este tipo de noticias se mandan a la última página o, simplemente, desaparecen de los periódicos.

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