En el “Gobierno del cambio” andan muy preocupados porque parece que en nuestros campos se extinguen los lobos, a pesar de que, desde 2003, venimos invirtiendo una buena pasta para aliviar ese zoocidio. Dicen sus defensores que apenas se encuentran ya manadas en unas sierras en las que llegaron a contarse nada menos que trescientas, y a pesar de que esa cruzada animalista se ha chupado ya bastante más de un millón y medio de euros. Y frente a ellos, protestan los ganaderos que lamentan las escabechinas en sus majada, queja inveterada que resuena entre nosotros desde el fondo del tiempo, lamentando que nadie se acuerde de ovejas ni rabadanes, y desde el convencimiento de que para lobos y linces los que trajinan por los despachos. Nunca llueve a gusto de todos en el monipodio.

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