Mala suerte la de la candidata Parralo –en el mejor de los casos– con el feo asunto del enchufe de su hija en una plaza de la docencia. Ahora va a reunirse un pleno extraordinario de la Junta de Personal Docente para “intentar llegar a alguna conclusión” –no se pierdan el eufemismo y la mandanga– sobre el caso, y va hacerlo con el apoyo explícito de todas las organizaciones sindicales implicadas, a las que tal vez habría que preguntar en qué estaban entretenidos sus enlaces mientras se ajustaba el presunto cambalache. El tema es malo, en todo caso, porque sólo la duda ya oscurece sin remedio la imagen de quien aspira a gobernar la capital, incluso si próximamente no le cae encima algún otro enredo molesto, esta vez por presunto ‘mobbing’ de una trabajadora. Hay que ser y parecer y aquí, de momento, no sabemos qué será, pero lo que parece tiene la peor pinta. No es difícil imaginar a más de uno frotándose las manos. En su propio partido, se entiende, que es lo grave. 

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