Aplausos  a esa sentencia que condena al triguereño agresor de un médico y al que se le aplicado la flamante calificación de delito de atentado. Lo que no tenía pase era que siguiéramos atado a una rutina que permite maltratar de palabra y obra tanto a sanitarios como a docentes, desde ahora y en adelante considerados a estos efectos, con toda razón, como funcionarios públicos. Hay que extirpar de nuestros centros docentes y sanitarios esa plaga de agresores que convierte el ejercicio de esas nobles profesiones en trabajos de alto riesgo sobre todo por venir considerando semejantes barbaridades como simples faltas. La cárcel y antecedentes penales esperan a los rufos que en el futuro decidan aplicar por su cuenta esa justicia imaginaria que es la que se toma por propia mano.

1 Comentario

  1. A ver que pasa aquí con la torta que le ha propinado un profesor a un muchacho que le ha insultado, y cuyo padre ha puesto una denuncia.

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