Hay que reconocerle a los dos socios del “Gobierno del cambio” un notable grado de discreción y talento politico. No hay más que ver cómo han distribuido terrenos sin pisarse la manguera, cómo han aparcado los personalismos –los “egos”, dirían los cursis–, hasta conseguir que en España entera se mire hacia la Junta andaluza como un razonable modelo de gestión política posiblemente exportable al ámbito nacional. Los que temíamos la bicefalia y el protagonismo encarnIzado justo es que reconozcamos nuestro fallo: Moreno y Marín han entendido a la primera (o a la segunda…) que el interés público debía prevalecer sobre la ambición personal en beneficio de todos… y de sí mismos. Lo que no han logrado entender los líderes nacionales lo han comprendido ellos sobre la marcha.

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