Como en el ring, cuando llega la hora de la verdad, habría que repetir esa consigna en el palenque político: “¡Segundos, fuera!”. Nada funcionará como es debido si no se elimina en la atmósfera autonómica la sombra de la bicefalia, más nociva si cabe en un Gobierno de coalición. Nadie debe eclipsar a quien presida ese Gobierno, ya que es él quien asume la responsabilidad, y menos confundir las lindes de un pacto que, ante todo, tiene que ser un buen ejemplo en la vida pública. Aparcar las ambiciones personales en aras de la conciencia democrática será la primera obligación moral y política tanto de Presidente como de presididos.

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