Uno preferiría que el Museo de Sevilla, “la segunda pinacoteca de España” etcétera, no caiga en manos de la Junta. ¡Por todos los santos, que ya conocemos cómo hai ido y va la gestión museística de la autonomía! Pero la ministra de Cultura, que acaba de negarle a Andalucía esa transferencia, no puede hacer como usted y como yo, por la sencilla razón de que suya fue la más enconada batalla contra el Gobierno anterior reclamándolo para la autonomía. Hay demasiados ejemplos de estos bandazos –desde la llamada “deuda histórica” hasta el Museo de la copla caben cien más– pero éste resulta tan descarado e injustificable que no hay modo de saltárselo. Ya digo, mejor que no lo transfieran a este personal, que más vale lo bueno conocido, ya saben. Pero Carmen Calvo, que ha sido capaz de armar un pleito para evitar que un archivo noble fuera al Archivo de la Nobleza, y que reclamó a gritos el Museo sevillano, no es la más indicada para el caso. ¡Una ex-consejera de Cultura oponiéndose a que se transfiera a la consejería lo que ella misma pidió con vehemencia! No quiero ni pensar que tenga sus buenas razones.

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