¿Por qué un directivo de Caja de Ahorro ha de cobrar en Andalucía 200.000 euros al año, es decir, varias veces más que un cirujano de trasplantes, un sabio investigador, un jurista de altura, un trabajador de alto riesgo o, incluso, el presidente de la autonomía? Es asombroso que se aireen estas cifras sin que estalle por algún lado la burbuja de la indignación ni, por descontado, se levante siquiera un teléfono desde los despachos en los que hay poder para evitar semejante saqueo del dinero de los impositores. ¡No van a estar arruinadas las Cajas si las vacían sus propios manijeros con la anuencia de la autoridad! Cuando se está rebajando el sueldo a los sufridos peatones, estas revelaciones escandalosas constituyen un auténtico insulto.

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