El presidente Chaves ha festejado la visita electoral de su colega catalán, José Montilla, asegurando que ambos piensan lo mismo y marcan el mismo paso en este desfile de las reformas estatutarias que sabemos dónde y cómo empezó pero ignoramos cómo y dónde terminará. ¡Pues vaya descubrimiento! Nos duele la boca de decir que el proyecto de Chaves –que Guerra sostuvo que no interesaba a nadie más que a los políticos– fue una jugada de apoyo al lío catalán cuando nadie se determinaba a apoyarlo en España y tras haber proclamado el propio Chaves y los otros dos “tenores” su oposición a cualquier asimetría y a toda aventura política con las autonomías. Pero bien sabe Chaves  ese “eje Andalucía-Cataluña” (del que, ojo, se ha descolgado Extremadura) no es posible más que en el teatro político pero no en la vida real en base a la antigua regla de oro de que, en esta vida, “cuando uno gana un duro, otro lo pierde”. La única aportación ética a esta campaña sería mostrarle a los andaluces el balance de estos pactos confederados y eso es algo que, por descontado, ni Montilla ni Chaves permitirían hacer nunca.

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