Gritos y susurros, especies de todo tipo, sobre lo que está ocurriendo (y lo que ocurrió) en Marbella. Vecinos que se quejan tras haber votado a los mangantes durante tanto tiempo, un presidente de Caja señera que sale diciendo que “no es bueno” que la actuación judicial empeore indirectamente la economía de la zona (igual pretende que, para evitar ese perjuicio, deje las cosas como está), la patronal que sale quejándose también del perjuicio (que bien pudo denunciar hace años, a ver por qué no), el “colorín” televisivo haciendo su agosto y, en fin, el juez Torres prorrogando un mes más el secreto de un sumario que tiene sobre ascuas a medio mundo. Es la catársis inevitable, así perjudique o beneficie a tirios y troyanos, el final previsible de una orgía delictiva que nadie –incluyendo a los actuales fiscales espontáneos—ha querido ver ni a tiros durante varios lustros. Y la nota de humor de Antonio Romero (IU) reclamando que “se devuelva a Marbella lo robado”, ya ven qué ingenuidad si no viniera de quien viene. Un mes más, pues, el negocio del ansiolítico va a ser el remate de esta merienda de negros.

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