Al menos dos conejeros de la Junta —el de Empleo y la de Salud–, precisamente dos a los que no les faltan los graves embrollos, se pasaron el debate sobre el Estado de la Comunidad jugando a enviar mensajitos por sus cachivaches electrónicos en los que resumían la mediocridad ambiente e iban subrayando con sus “tweets” –traducido, embrollo o susurro, no se olvide—las proezas dialécticas de su jefe. Ya no tienen bastantes con pasarse la sesión charlando por el telefonillo sino que, casi sin tiempo para reflexionar lo oído, se convierten en la voz de su amo como inútiles propagandistas. Sumen a esas actividades sus ausencias, idas y venidas, ocios en el bar de la Cámara y los tiempos muertos empleados en aplausos y broncas, y verán por cuánto le sale al contribuyente la hora de trabajo de estos que tanto hablan del déficit de productividad… de los demás.

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