En el Ayuntamiento de Sevilla, casa de Monipodio según parece, se están produciendo cosas tan raras como facturaciones falsas, obras inexistentes, desapariciones de bienes y nepotismo por un tubo. Son cosas ya prácticamente asumidas poro el ciudadano –¡y por la Justicia, en cierta medida!—que a los políticos importan más bien poco porque saben que gozan de una especie de impunidad mil veces comprobada. Ahora la portavoz del consistorio, sorprendida por la evidencia de un montón de contrataciones de familiares de ediles, no ha tenido mejor respuesta que decir que, al fin y al cabo, “el enchufismo no es un delito”, que ya hay que tener cara de sobra y vergüenza justita para esgrimir ese argumento. La corrupción –los últimos casos lo demuestran—ni tiene arreglo fácil ni siquiera tiene conciencia. Esa frase inconcebible vale por todo un psicoanálisis del Poder.

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