Al comentario del Defensor del Pueblo sobre al posibilidad de que “miembros descontrolados” de la Guardia Civil hubieran procedido brutalmente contra los inmigrantes instalados en Almería –algo que, de ser comprobado, sería intolerable—hay que unir el sarcasmo de los responsables del Cuerpo alegando que no constaban oficialmente denuncias sobre el particular y la exhortación, realmente rayana en el cinismo, de la Subdelegación del Gobierno al invitar a los inmigrantes agredidos a denunciar los hechos y, en caso de carecer de papeles, hacerlo a través de terceros. Aclarar qué es lo que ha ocurrido está en manos de ese Instituto y es deber del Gobierno, sin necesidad de que las víctimas infelices denuncien (¡) a la mismísima Guardia Civil. Hay excusas, tomaduras de pelo y sarcasmo. En este caso estamos ante la última categoría.

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