La autoridades suizas acaba de decretar la congelación de los fondos depositados en sus cajas por los tres grandes dignatarios implicados en la rebelión de los países islámicos. La cifra de 650 millones de euros que ofrecen a la opinión, aunque mareante, por supuesto, no pasa de ser una minucia a tenor de lo que vamos sabiendo sobre las fortunas de Mubarak, Gadafi y Ben Alí a través de organismos y medios especializados, todos los cuales coinciden en subrayar las dificultades que suponen para los calculistas la opacidad y el régimen arbitrario al que se acoge la propiedad de esos magnates. De Gadafi se afirma que poseería una fortuna cifrada en unos 120 milliardos de dólares, convenientemente distribuida entre su familiares, y presente en sectores como el petrolífero, el del gas, las infraestructuras, las telecomunicaciones, el turismo y sus inmobiliarias pero pasando por su participación en Coca Cola junto a un inmenso patrimonio distribuido en varios países entre los que destaca una inversión de 3’6 miliardos de euros en suelo italiano. El enorme capital de Mubarak, cuyos orígenes se señalan en sus comisiones como importador oficial de armas yanquis y rusas, pudiera alcanzar los setenta miliardos de dólares, en inversiones igualmente dispersas en países como Inglaterra, Francia, España, Alemania, Suiza o EEUU, y se cree amasado a partir de su acceso, hace treinta años, a la vicepresidencia del país desde la que diseña un plan de expolio masivo de la riqueza egipcia. Y en fin, sobre los tesoros de Ben Alí las cifras más discretas calculan su montante en los cinco miliardos de dólares, igual que los anteriores esparcidos por medio mundo y parte del otro medio. No se trata, pues, de simples malversadores o corruptos del montón, sino de verdaderos saqueadores de Estado, ladrones que han aprovechado el poder para desvalijar a sus pueblos en provecho propio.

 Ciertamente, comparados con ellos, nuestros corruptos –al menos de momento– no pasan de constituir una muestra incipiente de la perversión definitiva de la política que está haceindo de la vida pública una sentina. Porque la enormidad de esas cifras no permiten comparar esta golfemia con el agio tradicional, ni siquiera con la podre desenmascarada en las democracias vigentes desde Brasil a Japón pasando pasando por nuestras propias miserias europeas. Lo que sí permite entrever ese panorama es la razón de una rebelión en cadena que, probablemente, no ha hecho más que empezar, quién sabe si anunciando el principio del fin de una política delincuente con la que todos hemos sido demasiado tolerantes.

8 Comentarios

  1. Cifras inimaginables (para mí al menos), desvergüenza definitiva de la que son responsables, además de los saqueadores, los líderes de las demás potencias que han permitido sus manejos cada uno por su cuenta y razón. Este mundo está podrido, pero de momento, al meno, la corrupción de los países democráticos no es comparavle siquiera al despojo pleno que en las satrapías llevan a cabo sus líderes. Nada se le dice a Mahamed VI, por supuesto, y no vayan a creer que él es muy distnto de los que nombra ja en su columna de hoy.

  2. Nadie piensa, además de la congelación bancaria, en que una instancia intrenacional legítima planteara la restitución de lo robado a esos pueblos por los tiranos. Con ello se garantiazaría prácticamente el despegue y desarrollo de la mayoría de ellos, desde Sudán hasta Marruecos. Me parece muy justa la apreciación hecha por Berdigón de que todavía hay grados de corrupción. Mi propuesta encontraría en esta idea un refuerzo, me parece a mí.

  3. No es por hablar pero me gustaría saber la real fortuna de la casa real española y de la inglesa, con parentela y todo….
    Roban todos, y al que no lo hace lo toman por tonto. Hay nepotismo en todos los paises, y cuando no lo hacen es porque son huerfanos total!
    Besos a todos

  4. Contesto ma doña Marta. La casa Real españolam estaba tiesa como la mojama y se sabe quienes eran los aristócratas españoles que le pagaban las factuiras de Estoril o que le daban alojamiento y mesa y mantel una vez Don Juan en España. Ahora es ditinto: Forbes sondidera al rey como una de las mayores fortunas del mundo, y ese dinero nunca se sabrá de dónde ha salido netre otras cosas porque ni siquiera viven ya los que pudieran haber mediado en las fastuosas y eventuales comisiones cobradas. Pero eso poco tioene que ver con el expolio radical de los países subdesarrollados por parte de sus dirigentes, lo mismo en África profunda que en la cornisa mediterránea del continente.

  5. Cifras que marean, desde luego, cifras que cuesta imaginar como reales. Estoy completamente de acuerdo en que esos robos sólo sonn posibles por la inhibición de los demás países (Gobiernos), que dejan hacer para poder, a su vez, manejarse a gusto. Resultan cifras asombrosas. Los pueblos que ahora empiezan a rebelarse no deberían parar hasta ver restituidos sus bienes robados.

  6. No tiene sentido homologar en la práctica a esos países desgraciados, que pasaron de la férula colonial a al de sus oligarquías locales, con los que llamamos “desarrollados”. Son otras mentalidades, no hay más que pensar en lo que hoy comentamos, otra indefensión (¿a quién importa lo que pase en Sudán o en Túnez?). Se defienden solamente de boquilla mienstras se comercia con ellos. Rusia o EEUU se dice aquí que fueron los primeros en arrimarle comisiones a Mubarak. Todos los demás andan instalados en nuestros países, aquí mismo en Marbella, donde tienen propiedades de fábula. Occidente vive del cuento de las democracias exportables.

  7. Me gustará ver si los hijos de Gil –lo más parecido aquí a los morazos– devolverán a Marbella el dinero que les exige el Tribunal de Cuentas. Cuando lo vea lo creeré.

  8. El Poder tuvo siempre sus tesoros. Y el tesoro era del Poder, no del pueblo. Hoy el escándalo proviene no del hecho mismo, sinio de que se predique lo contrario. Téngase en cuenta que gran parte de esas fortunas (por cierto, mo sólo “morazos”, como dice Benalmádena, también Craxi guardaba lingotes de oro en Suiza antes de esonderse en Túnez) proceden de la “ayuda” occidental: se les da dinero para que compren armas, a cambio de comisiones a los compradores y así sucesivamente. Lo único que de verdad es llamativo en la historia de hoy son las cofras: los miliardos esos que jagm, al parecer, ha adoptado definitivamente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.