Veinte años ya desde la matanza de los seis jesuitas de la Universidad Centroaméricana de El Salvador y de dos empleadas suyas, por parte de cincuenta militares del régimen de extrema derecha. En 1991 una farsa judicial absolvió a siete imputados y condenó a dos para los que los propios jesuitas solicitaron el perdón meses después, pero los esfuerzos por desenmascarar a sus poderosos inductores continúan todavía. Ahora sabemos, en todo caso que los servicios secretos yanqui y español conocían el plan de los criminales, y que no avisaron en ningún momento a las víctimas, pero también que estos descubrimientos tardíos de secretos a voces no suelen servir para gran cosa. Ni una explicación se ha dado en Washington y ni que decir tiene que tampoco en Madrid, donde sobran, sin duda posibles, los testigos de cuanto ocurrió cuando todavía era posible identificar toda rebeldía con el tópico comunista. ¿Han oído ustedes a algún espíritu sensible hablar en este caso de “memoria histórica”? Sólo en El Salvador y a manera, a mi juicio, testimonial, un grupo de trabajo de la Compañía trata de esclarecer aquella tragedia así como la liquidación de otros mártires comprometidos con el pueblo como el obispo Romero y el jesuita Rutilio Grande. Jon Sobrino, que escapó por tablas de la matanza, sostiene que esos crímenes no castigaban a rebeldes subversivos sino que, simplemente, perseguían a quienes osaron hacer de “conciencia crítica y de conciencia creativa” en una sociedad podrida. Pero ¿qué justifica el silencio de la democracia americana y el todavía más oprobioso de la española? Pues probablemente que ni una ni otra eran ni son trigo limpio. Pase el montaje en torno a la huesa del pobre Lorca pero mejor estaría que alguna voz revelara –todo es desclasificable con el tiempo—aquella presunta colaboración del CESID, es decir, del Gobierno, en la masacre.

Los empeñados en mantener viva aquella memora abolida insisten en que hay que hacer justicia para que no haya impunidad, pero sin perjuicio del perdón. Aquello de “no hay justicia sin misericordia” de santo Tomás, lo de “no hay justicia sin perdón” de Wojtila, ya saben. Pero nadie se inquiete entre los asesinos porque la ley los protege: la salvadoreña de amnistía de 1992, por ejemplo. En USA la propia desclasificación de esos secretos funciona como una suerte de catársis blanda. Aquí entre nosotros, como puede verse, simplemente no se habla y, en circunstancias extremas, se miente y a otra cosa. ¿Supo España de antemano que Ellacuría y los suyos iban a ser asesinado? Si así fue –y parece que así fue—no sólo los verdugos tienen sangre en las manos.

9 Comentarios

  1. Emocionante recuerdo, duro comentario. Justificado, por supuesto. Pero pierda la esperanza porque nada se aclarará aparte de loq eu con claridad siempre hemos sabido. La postura de España, si se confirmara lo apuntado, no sólo lamentable sino terrible. De los EEUU no extraña: es lo mismo que han hecho mil veces.

  2. Es penoso comprobar cómo para la banda de babor de nuestro espectro político -lo de IUndida ya solo es un fantasma, o mejor, una fantasmada- parece que el mundo comienza en 2004. Únicamente para unas pocas cosas utilizan la memoria. Eso sí, con un lago amnésico que abarca una de las etapas más vergonzosas, que no la única, del partido aún llamado obrero.

    En cuanto a los USA, nada nuevo, pues sabemos qué sentido puritano tienen de la ley y el escaso valor que le conceden a la vida humana. No yanki, por supuesto.

  3. El gesto de los jesuitas es imponente, y la posible complicidad de que se habla es aterradora. Escuchar a alguien hablar en voz alta y dar su opinión en un affaire como éste conforta, peor mucho me temo que el pesimismo realtivo de jagm lleve razón poco sea lo que acabemos sacando en claro. Roguemos a Dios por tantas víctimas. Y por sus verdugos.

  4. Los crímenes de Estado son indescifrables, al menos por completo. Este de que hoy se habla, sin duda será olvidado enseguida.¿A quién
    en le importa un puñado de jesuitas y sus cocineras acribillados por los milicos amigos?

  5. AHORA SABEMOS lo que SIEMPRE SUPIMOS, o sea, que la matanza de El Salvador, como las de Chile, como tantas otras, se hicieron no ya con consentimienot sino bajo la batuta del Gran Hermano del Norte. Que España tuviera noticias de lo que iba a ocurrir y no miviera un dedo, tampoco debe sorprende a quien tenga “memoria histórica”: no tiene más que recordar quien gobernaba y qué ocurría por aquel entonces ibncluso aquí mismo.

  6. Un crimen más. Estoy con Pangloss en que desde el Estado el delito es casi siempre posible e impune. Casos como los que se ven actualmente en Francia (Chirac y demás) forman parte de la comedia, amarga comedia, pero comedia. Un temor crece: que el Poder tienda al crimen cuando se dan las circunstancias. Ahí lo dejo.

  7. ajustes políticos de cuentas están en el punto de mira a diario lo importante para los informadores es a quien les interesa mantenr y a quien no

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