En el fértil campo de Huelva nadie puede explicar cómo es posible que, habiendo ¡9.000 parados! en la provincia, faltan ¡10.000 trabajadores! para sacar adelante la recogida de las cosechas. Sólo 200 entre aquellos desocupados acuden a esa convocatoria, dura paradoja que los empresarios interpretan en el marco de una “sociedad subsidiada”. Entiendo que el problema no es tan simple, pero también veo con claridad el contradiós que supone que a esa imprescindible mano de obra –básicamente inmigrante—se la explote como se la explota y se la trate tan inhumanamente como se la trata. ¡Hasta los asentamientos chabolistas donde se pudre esa hmanidad son incendiados impunemente por el fuego! Los empresarios beneficiados tanto como la autoridad (in)competente, deben reflexionar sobre ello.

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