Avisan desde el hospital de que la atención médica ha de centrarse en el dichoso coronavirus. Lo demás –“la cirugía menor, el crónico o el dolor de rodillas de la maría de turno…”, dice, castizo y  sin agotar el repertorio, un galeno—, “me da igual”. Imaginen la tragedia: sólo los pandémicos podrían ser atendidos debido al  generalizado desmayo nosocomial provocado por la escasez de medios en la clínica. “La pandemia nos come”, resuena con eco siniestro la alarma médica mientras los políticos dicen esto, lo otro y lo de más allá confiados en una improbable providencia, y desde el (des)Gobierno se anuncian malos pronósticos adobados en equívocas estadísticas. La salud ha dejado de ser un derecho para convertirse en una obligación: si caes enfermo estás perdido.

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