Los políticos dan hasta lo que no tienen con tal de conseguir información sobre el prójimo. En pocas democracia se habrá espiado telefónicamente al Jefe del Estado, como ocurrió aquí en su día, y en pocas funcionarán las escuchas del rival político con la desvergüenza con que aquí funcionan. Estoy pensando, por supuesto, en el caso de las que, según la policía, habría instalado Rubalcaba en la pared contigua a la sede del PP para estar al tanto de cada cuento y cada chisme del rival, caso que se repite, pues hace años ya se descubrió prácticamente lo mismo y en el mismo sitio. Un político no puede apetecer nada mejor que conocer de antemano los planes de su opositor, y por eso Rubalcaba alardea de su información en público o refregándosela por la cara al propio escuchado. Poco a poco hemos ido extendiendo la red de escuchas, legales e ilegales, pasando de los presuntos delincuentes hasta los propios abogados y, pocas dudas caben de que también al ciudadano peatonal a poco que su conducta o su intención interesen al poderoso. “Yo lo sé todo de todos”, dijo ya en una ocasión Rubalcaba, ejerciendo de Fouché postmoderno, de la misma manera que ahora le ha dicho al portavoz del PP eso de “Yo veo todo lo que haces”, confesión de parte que descubre el alcance de la impunidad de que gozan quienes están al mando. Y menos mal que las pésimas instrucciones de Garzón han conllevado la anulación de un montón de esas escuchas –incluidas las últimas que han permitido la excarcelación de un puñado de narcos–, porque si no, estaríamos ya empantanados en un paisaje completamente orwelliano.

Eso sí, las escuchas, aunque sean legales, molestan mucho al Poder cuando a quien benefician es al Otro y hasta llegan a “desaparecer” –¡en sede judicial!– sus grabaciones cuando llega el caso, como ocurrió cuando Chaves hizo el ridículo sentando en el banquillo a los periodistas de El Mundo. Todo partido que funcione bien es leninista (sabiéndolo o sin saberlo) así como muchos políticos que predican graves éticas son, en la práctica, maquiavélicos en estado puro. Y es esto último lo que ha puesto en almoneda la intimidad, sin la cual ninguna democracia es legítima. Aparte de que así como en EEUU unas escuchas bastan para echar a un Presidente, aquí no dan más que para unos titulares. Monipodio se pasea tranquilo por la calle mientras el contribuyente honrado no puede ya ni abrir la boca.

5 Comentarios

  1. En manos está el pandero de quien lo sabe tañer. Será difícil desmintar el tinglado que desde hace mucho tiene monta el PSOE en Interior.

  2. Ud cree, ahora que lo menciona ya que el asunto le concierne,que Chaves es un democrata de toda la vida?.\

  3. Guerra también alardeaba en sus días felices de saberlo todo. Descuibrieron el epsionaje, el estado policiaco y el cuadro de Wells nada más llegar al machito.

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