Una nueva teoría sobre la muerte real de Gadafi está resonando con fuerza en los medios internacionales. Resulta que ahora se cae en la cuenta de que los rebeldes libios que se atribuyeron su liquidación, incluso el sujeto que apareció exhibiendo la pistola de oro del tirano como prueba de su hazaña y que acaba de morir en París (¡), tal vez no fueron los auténticos verdugos sino meros comparsas de una sofisticada operación que fuentes importantes atribuyen a los estrategas franceses. A Gadafi, en resumen, no lo habrían sorprendido y ejecutado los rebeldes libios sino un agente francés o bien un miliciano entrenado por los espías galos con objeto de librar al entonces presidente Sarkozy de la amenaza que constituía el líder libio, poseedor de importantes secretos y entre ellos uno referido a la financiación de la campaña francesa del año 2007. Gadafi tuvo relación con muchos servicios de inteligencia, mantuvo con los EEUU una suerte de pacto tácito pero evidente a cambio de colaborar en la lucha contra Al Qaeda, consiguió sanear sus relaciones con Gran Bretaña con el acuerdo de indemnización por el terrible atentado de Lockerbie que causó 270 víctimas y logró, por ejemplo con España, un estatus de medio socio: recuerden el caballo con que obsequió a Aznar durante su visita. La tesis actual, se basa sobre todo en el testimonio de Mahmoud Jibril, ex-número 2 de Gadafi y aspirante frustrado a recoger la antorcha caída, que fue quien logró la intervención occidental para derribar al sátrapa. En resumen, que Gadafi “sabía demasiado” y –es sólo una hipótesis—su antiguo amigo Sarkozy dejó de serlo cuando sintió en el cogote su aliento delator.

Será ésta otra cuestión de esas que nunca se aclararán, entre otras cosas, porque resulta ingenuo hablar de los servicios de espionaje como si fueran compartimentos estancos o disciplinados órganos al servicio de la Ley de su país. Y ello, aunque no se cuestione ni lamente el final del déspota, rechina gravemente con la conciencia democrática y proyecta una imagen impresentable del orden internacional y sus presumidas democracias. A Gadafi –se lo mereciera o no, ésa es otra cuestión—lo mataron como a un perro, pero ahora sabemos, además, que tal vez por poseer secretos que suponían un peligro para otros poderosos. También Mitterand mandó volar un barco y condecoró a los sicarios en su biblioteca. Hay cosas que no cambian desde que el poder es el poder.

2 Comentarios

  1. Y que no cambiarán.
    Lo que de veras lamento no es que maten a un poderoso sea cual sea (que por definición se expone ) es que lo maten como a un perro. Lo que hicieron con Ceausescu es deleznable, despreciable. Y seguro que los que más se ensañaron eran los más serviles.Pouaf! Y así con muchos.

  2. En esta página por donde tantos sabios pululan, difícilmente habrá quien haya leído a todo John le Carré como un servidor. Agentes dobles, informaciones de orígenes inimaginables, condenas a muerte que nadie sabe de dónde han partido. Real como la vida misma.

    El tal Cornwell pasó varios años en el cuerpo diplomático y casi seguro que salió pringado. Sus últimos títulos, ‘La canción de los misioneros’, sobre la explotación de los recursos africanos, ‘El hombre más buscado’ con Chechenia al fondo y ‘Un traidor como los nuestros’ son de una crítica feroz al sistema. Una postura cada vez más radical a los ochenta y pico años. Algo me recuerda a José Luis Sampedro.

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