Parece obvio que al acusar a la juez Alaya de “rozar la prevaricación”, Chaves roza el delito de calumnia. La juez hace lo más sensato al no echarle cuenta, claro, pues no sería raro que se trate de una provocación para provocar que, al replicar querellándose, perdiera el “caso”, que es con lo que sueña el ciento y la madre de los imputados o señalados hasta ahora por la instrucción. Se puede comprender el nerviosismo del “señalado” pero su comentario resulta de lo más indecente en boca de un mandatario que lo ha sido casi todo. La nueva Junta, manteniéndose a una distancia higiénica de estas mangancias, es, sin duda, mucho más razonable.

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