Llama la Izquierda extremada –al parecer, ya escasea la sensata— a irrumpir en la calle, es decir, a “escrachar”, como decían los peronistas, a “los otros”. Y en concreto a plantarse ante el Parlamento, ¡nada menos!, para enfrentarse a la mayoría legítima –bastante más legítima, en cualquier caso, que la que mantiene a Sánchez– y deslucir su llegada al Poder. ¡Hasta el PSOE andaluz se pliega ya a la estrategia populista, dispuesto a romper la vajilla con tal de impedir la fiesta democrática! Algo normal en los callejeros reconocidos pero injustificable en un partido de gobierno en cuya responsabilidad se incluye el respeto del adversario cuando éste representa a la mayoría. La prueba del 9 de todo demócrata se plantea el día en que la lógica democrática le exige respetar las reglas del juego.

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