Entre el estupor y la guasa, la prensa americana anda dándole vueltas estos días al hecho, no poco notable, de que, tras la reelección de Obama, lo que nunca pasó de ser el oscilante pabilo en el que se consumía un puñado de descontentos, se haya convertido en un movimiento, no diré que de masas, pero sí que incluye a unos cientos de miles de ciudadanos que reclaman la independencia para su Estado particular. ¿Se habrán enterado de lo próspero que va ese negocio separatista en algunas de las Españas, sobre todo en la ínsula catalana? Lo ignoro, pero ahí están esas 66 demandas de secesión que ha recibido la “página de quejas” abierta por la Casa Blanca en Internet para que los contribuyentes que lo deseen plantean abiertamente sus enfados y deseos, con la única condición de que los acompañen 150 firmas afines para obtener derecho a su publicación, o 25.000 para ganarse el de respuesta oficial. Suspiran por la secesión sobre todo en Texas, Florida, Alabama, Tennessee, Luisiana o Georgia aunque parece que, de hecho, al menos cincuenta Estados de la Unión han pedido a Obama una separación pacífica, lo que ha provocado, todo hay que decirlo, la réplica patriótica que exige que se retire la ciudadanía y expulse del país a los abajo firmantes. América es un país patriotero, ciertamente, dicho sea en el buen sentido del término, una nación de hombres libres que izan la bandera de las barras y estrellas en el mástil levantado en la puerta de la casa, que conservan como oro en paño su gorro cuartelero y que –como los griegos antiguos—tan íntima vinculación sienten con esa nación que temen más al destierro que a la muerte. Y aún así, para que vean que en todas partes cuecen habas, parece que surgen en ella fuertes brotes de singularidad y hasta francotiradores dispuestos a renunciar a esa ansiada nacionalidad por la que se juegan la vida diariamente miles de inmigrantes.

A la muerte de Tito dijimos algunos que ya se acordarían de él tirios y troyanos, y ahí está la tragedia para recordarnos lo flaca que es la memoria de los pueblos. Lo que no nos esperábamos era ésta salida aventurera en plena metrópolis imperial que, por pequeña que sea, no deja de ser ofensiva si se piensa en el desastre de la Guerra de Secesión, que no queda tan lejos tratándose de un país tan joven. No se le puede dar confianza a la gente, está visto, ni en un país en el que hasta un barbián como Reagan no quedó del todo mal.

3 Comentarios

  1. Para que vean: ni la NUEVA BABILONIA se libra ya de esos ratones pueblerinos. El nacionalismo es una ideología para mentes pobres o vagas.

  2. Se han inventado un pasado y resulta que les ha salido un negocio. En EEUU, va lo que quieran,no pasará la cosa de una mera anécdota.

  3. Enroda democracia hay minorías y hay descontentos. Creo que esta aécdota americana poco tiene que ver con el gran tinglado de los nacionalismos mseparatistas que soporta España. Los mitos son poderosos,los negocios, más.

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