He vivido casi tres decenios en Madrid sin asistir jamás a una demostración patriótica como la del lunes. Nunca vi las calles abarrotadas de esa manera ni animadas de semejante patriotismo expreso, mucho menos tremolantes de banderas nacionales, durante decenios cuestionadas por tantos malentendidos. Recuerdo el día en que el PCE decidió recuperar la bandera de todos abriendo con ello la puerta, hasta entonces atrancada, de la Transición simbólica, pero es evidente que luego el rechazo fue ganando de nuevo terreno, en buena medida, hay que reconocerlo, por el infausto empeño de las fuerzas reaccionarias de apropiarse del símbolo. En cualquier caso, ahí estaban antier las banderas en los balcones por toda España y la oleada de banderas atestando las calles, sobre todo en manos de jóvenes ajenos a los viejos pleitos, algo que, en definitiva, no hubiera sorprendido en ningún país cercano, pero que aquí se ha mantenido como marca de una absurda singularidad que no ha podido resistir al impulso sentimental del éxito. La patria, toda patria, deriva de un triunfo, real o sublimado, del mismo modo que se desvencija a consecuencia del fracaso y la derrota. Y antier, en una España agobiada por la ruina, desahuciada política y económicamente, en la que una mayoría cualificadísima de ciudadanos rechaza tanto al Poder como a la Oposición, fue el éxito deportivo –incluyente, totalizador—el que realizó el milagro de restaurar de golpe el sentimiento nacional. ¡No me sean idiotas, por favor, esos que hablan de nacionalismo españolista! La muchedumbre extasiada que hemos visto sublimar sus desdichas en la sauna del triunfo futbolero no es nacionalista de nada que no sea la España de siempre, del mismo modo que esa enseña roja y gualda que con que han hecho su agosto las tiendas de los chinos no era en absoluto el blasón borbónico ni el referente franquista, sino el símbolo genuino de la inmensa mayoría. Incluso los que seguimos siendo republicanos de corazón hemos tenido que aceptar esta realidad con la cabeza.

 

Gran contraste con los pleitos de las taifas, con el silencio cobardón del Gobierno, con el encono rastrero de los secesionista que en Internet tildan a los españoles del Barça de “botiflers”, con la ambigüedad oportunista de los partidos que, con su ausencia, han demostrado lo poco que tienen que ver con la realidad, con el pueblo que los legitima y los mantiene. Es posible que el mundialazo cambie no poco este lamentable estado de cosas y hasta que obligue a la casta gobernante a entender esa demanda masiva de unidad. Tendrían que haber contado hace tiempo con esas razones del corazón que dicen que la razón no entiende.

7 Comentarios

  1. Soy madrileño de sesenta años y digo lo mismo que leo en la columna. Esto jha sido lo nunca visto. Que no s elo apropien los políticos porque si algo significa ante todo lo ocurrido es que los ciudadanos han recuperado lo que ellos les habían escondido en el desván de sus intereses.

  2. UN TEMA QUE TIENE QUE OBLIGARNOS A PENSAR MUCHO. Lo que acaba de suceder no es sólo folclore, sino la expresión de un sentimiento soterrado, a mi modo de ver reprimido, que el pueblo ha aproevchado la ocasión para sacar fuera. En estos tiempos y circunstancias, no es cosa para despachar con un comentario.

  3. Discusión vehemente: unos dicen que la reacción española/españolista ha sido magnífica y que no hya nada que objetar. Otros, que hibiera sido digna de mejor causa y que causas más graves y mejores ha habido. Por mi parte añado tan sólo que lo que hay que hacer es aprovechar la reacción misma, porque un pueblo sin energía está perdido.

  4. Pues yo estoy encantada y no he visto a un solo español (normal, no incluyo nacionalistas) que no lo esté. Los políticos han podido comprobar que se puede mover el ánimo del pueblo, de la sociedad, con sentimientos, pero yo creo que la gran lección ha sido la que han dado los jugadores –UN EQUIPO– y un sensacional entrenador que conoce su oficio en liugar de ser un aficionado o un aventurero.

  5. Anoto que por aquí (tengo ya un pie en el avión!!!) la imagen de España rojigualda ha llamado la atención no poco. Lo que pasa es que estos no conocen la situación que se vive en nuestro país. A mí, personalmente, me ha encantado esxuchar sijn complejos que se diga ¡Viva España!, grito tan corriente en Francia, en Inglatrerra, en toda Europa y para qué decir en los patrióticos USA.

  6. ¿Han visto y oído el debate en Cortes? ¿Saben que ZP seha vuelto patriota y españolista? Como González cuando diho aquello de “Para patriota, yo” (portada de Cambio 16). Da asco el espectáculo pero ahí está. Me subleva pensar que aún hay españoles tan idiotas o sinv ergüenzas como para dar por buena esta “conversión” del que ha sido auténtico dinamitero de la España histórica.

  7. Se me han saltado las lágrimas leyéndole. Lo único que siento es que sea el f
    útbol el que despierte el amor a la patria y el orgullo de ser español.
    Un beso a todos.

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