Suelo charlar con mi amigo juez sobre casos y sentencias, esas curiosidades de la vida que no caben en cabeza humana ni tocada de birrete. Lo del labriego condenado por arrancar una mata de poleo, lo del curruco enviado a la trena por matar dos jilgueros, o bien lo de ese joven “reinsertado”, como ahora se dice, que debe ingresar en la cárcel (ese instrumento de “reinserción, no se olvide) cuando ya no la necesita. Mi juez me recomienda invariablemente que vaya al maestro armero ya que al juzgador, en este sistema legal, no le está reservado otro derecho ni asignada otra obligación que la de aplicar la ley. Si está en vigor el derecho que yo estudié de cadete sólo habría una excepción a ese principio: la ausencia de una ley “exactamente aplicable al caso controvertido”, supuesto en los que se autorizaba al juez, y sólo en caso de no disponer de una adecuada “costumbre del lugar”, a interpretar los “principios generales del derecho”. El juez actual no sería, según mi amigo, más que un esclavo de la norma, una especie de ortopeda que te ajusta la prótesis indicada en el vademécum, como consecuencia del empeño en encajar su figura en la del juez napoleónico, con su espada, su balanza y su granatario pero sin la más mínima libertad para actuar en conciencia. Un juez se limitaría a aplicar la sanción prescrita por el legislador y caiga el que caiga, sin contar con que en el supuesto de juicio con jurado, su cometido es aún más sucinto: aplicar el criterio y la doctrina “razonados” de esos legos presuntamente buenos. A pesar de los pesares, me encantan los jueces de las películas americanas, para qué voy a decirles otra cosa.

 

Un año por matar dos jilgueros, ochenta y un días de cárcel por robar una pizza de 20 euros. O bien, Vera condenado por el TS –¡varias décadas después!—a 18 meses y un día de prisión, que no cumplirá, por malversar más de 12 millones de euros con el fin de tapar las bocas de dos terroristas de Estado. Mi amigo insiste en lo del juez napoleónico pero no me convenzo del todo pensando en tantos juicios como llevamos vistos en los que los jueces han hecho mangas de capirotes mandando destruir pruebas a toda pastilla, denegando comparecencias de prometedores testigos o interpretando circunstancias con criterio exclusivo. Muy mal debe de estar la Justicia cuando nos balanceamos de atrás adelante y viceversa en ese peligroso columpio que planea con indiferencia sobre la pizza de unos bigardos y los maletines de unos policías delincuentes. En esto está de acuerdo hasta mi amigo el juez. Menos mal.

14 Comentarios

  1. Su amigo el juez lleva razón, querido ja, pero usted también. Difícil cuestión que pone de relieve lo mal que está nuestro sistema de Justicia, empezando por la realidad normativa (nunca tuvimos códigos peor escritos y más confusos) y terminando por la atadura de los jueces.

  2. Lo curioso es que todo el mundo protesta del bodrio de código que tenemos menos quienes tienen el poder de cambiarlo.

  3. Estamos en pleno Victor Hugo….Parece increíble que esto pase en España con un gobierno …¡.de izquierdas!
    besos a todos.

  4. Ojalá un puñado de articulistas fuera capaz de meterse en este tema con el tacto y el olfato de jagm. Me he sentido como aludido pro analogía con el juez del relato, sehuro de que a muchos colegas les ocurriría lo mismo.

  5. Suscribo, efectivamente, la intención y el criterio, avirtiendo a ja, que lo sabe seguramente, que esa norma que cita del viejon Código Civil sobre la aplicación de la ley carece de validez en el dercho penal. ¿Es concebible que un juzgador no pueda intervenir en el proceso cuando hay un jurado al que, cionmo en España, se le pide la barbaridad de que «razone» lo que concluye, sin saber una jota de leyes ni procedimientos? Que no lo es se está demostrando por enésima vez en el caso de la joven Marta de Sevilla.

  6. Pues siento discrepar de casi todo lo expuesto, excepto de ese final del artículo, en que se afirma lo de «…jueces que han hecho mangas de capirotes…», lo cual demuestra que cuando el juez se lo propone -y su poder es casi ilimitado- puede volver del revés lo lesgislado, añadiendo, quitando o poniendo agravantes, eximnentes y toda esa farfolla jurídica que enreda cuanto quiere. Si lo quiere.

    No me digan que al pastor que cortó la manzanilla o al pavo que le daba jarilla a los jilgueros, el manguitos de turno no pudo hacer nada por aliviarles la pena. Si el Anfi admira las pelis americanas de juzgados, servidora es tragaletras compulsiva de novelillas en que un juez viejo y gruñón pone firme hasta al lucero del alba y vuelve como un calcetín una ley mostrenca y/o irracional, aplicando ese sentido común y razonable que cae por su propio peso.

  7. hora real: 18’14 p.m.
    Muy justos los criterios dle juez amigo y los propios de jagm, que estoy seguro que compartimos la mayoría de loe españoles que sabemos algo de la materia. El derecho no debe quedar en manos ni estar expuesto a interpretación libre de los legos, porque es una técnica muy enrevesada que deirva de una ciencia no poco abstracta. Esos padres-legisladores y jueces abrumados por el dolor deben desparacer del escenario periodístico para no confundir aún más a una opinión que ya setá bastante desorientada.

  8. Doña Epi debe pensar que esos jueces, de haber hecho lo que ella propone, o sea, no aplicar exactamente la ley, habrían incurrido en prevaricación…

  9. No se trata de no aplicar la ley, sino de hacerlo con un criterio de racionalidad que tanats veces se echa de menos. ¿O es que estamos en los tiempos de Hammurabi, tan claritas las cosas, tan o blancas o negras?

  10. 18’37 (diga lo que diga el relojito zaul)
    Pues sí, doña Epi, querida y juiciosa amiga, para el juez las cosas son blancas o negras, en efecto, lentejas, si usted lo prefiere. El margen de discrecionalidad del juez es mínimo y el riesgo de prevaricación grande. ¿O por qué cree usted que los instructores no entran a saco en los casos dudosos para exigir condiciones o resultados a la policía p para poner a reos y abogados en su justo sitio?

  11. las cosas solo tienen un camino en este sentido, la suerte, si la tienes alcanza mas valor que un pozo de sabiduria. un saludo Don Jose Antonio

  12. Considerando el perfil de algunos jueces, entran ganas de defender la situación actual, es decir, la tiranía del legislador (del político), la férula de la letra de la ley triunfando sobre su espíritu. Pero hay que entender que los casos políticamente determinados o condicionados por la personalidad de un juez son aislados, pues una gran mayoría de los pleitos son juzgados con imparcialidad y probidad, estoy seguro. Por eso convendría dejar más libertad al juzgador, agilizar el procedimiento de modo que el juez no queda supeditado a las trampas formales y a los trucos forenses. Hay mucho que hacer en ese sentido, sin olvidar el acuciante problema de la politización de la Justicia, hoy, al menos en las altas instancias, sometidos al Gobierno.

  13. 22’50 del domingo

    Gran tema, seguro que daría para discutir sin prisa. Me quedo con los tremendos y repetidos ejemplos que obsesionan a nuestro sensible anfitrión, lo del jilguero, lo del poleo… Una dem ostración de eso que tanmtas veces repote también y creo que ese Valle Inclán, que en España se puede robar un monte pero no se puede robar un pan.

  14. una pena es la ley que lejos de ser justa, porlo que veo, es elitista, discriminatoria y nada nada equitativa en los resultados con respecto a las sentencias dictadas, que conste, soy español, y me averguenzo a veces de serlo, porque tenemos en el govierno a niños grandes que se pelean y critican como marujas, lo cual es su mayor problema, en lugar de mirarpor su estado español, que poco les duele, ya podriamos mejorar el sistema exigiendo lo que nos merecemos, ya que ellos, los politicos somos nosotros los que los ponemos ahi, nada de seres superiores, son gente que esta (o deberia estar) para nuestro servicio, y debemos exigirles lo que nos merecemos, no rogarles, aunque como siempre todo queda en plabras, tanto para la justicia como para la politica, nada cambiara nunca. siempre sera igual o como mucho peor, como dice la ley de murphy…
    un saludo a todos.

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