Cuando aún resuena la inquietud de los analistas por las sugerencias gubernamentales de emplear en bolsa los fondos de pensiones y al propio Solbes se le escapa en público la palabra “crisis”, sale a los medios el banquero Botín y anuncia al sol y a la sombra que su chiringuito ganará este año la friolera de 10.000 millones de euros. Ni la bonanza ni la crisis afectan por igual a las clases, obviamente, sino que en una y otra circunstancia lleva ventaja el rico sobre el pobre, como si el sistema económico dispusiera de un mecanismo de seguridad destinado a sostener un equilibrio que fuera imprescindible. Lo está evidenciando el auge del consumo suntuario registrado esta temporada al tiempo que las malas noticias inundan el ambiente, un consumo que ha hecho remontar de modo significativo los beneficios de las marcas exclusivas mientras las demás atraviesan momentos difíciles y hasta se dispara el recurso de adelantar las rebajas de verano ante la contracción del consumo. Durante todos estos años de la “new age” y el crecimiento espectacular, el beneficio bruto ha sido, como es lógico, para los más ricos, mientras las clases medias sucumbían al imaginario efecto hipnótico del horizonte de felicidad desplegado por la propaganda, hasta verse sorprendidas por el brusco estallido de la burbuja. Una crisis como la del 29 es poco pensable hoy, probablemente, pero, a cambio, estos desplomes parciales, concernientes a las economías débiles puede que actúen como ajustadores de un sistema excesivo que necesita de periódicas puestas al día, y Botín lo sabe y por eso anuncia que la presente crisis será como la fiebre del bebé, alta pero efímera, afirmación  que aunque resulte acertada, hace desaparecer a los auténticos damnificados, es decir, a la legión inmensa constituida por las clases media y más bajas que resultarán seriamente arruinadas aunque las altas acaso ganen en la coyuntura. El famoso Abramovich acaba de batir el récord de la lonja artística comprando un Lucien Freud en 34 millones de dólares y las grandes firmas españolas del lujo están obteniendo durante el año resultados óptimos. La crisis no significa lo mismo para el pobre que para el magnate. Al contrario, es más que posible que, mientras el modesto se ajusta el cinto, “the big money”, el gran dinero del que hablaba Dos Passos, salga beneficiado por las inevitables rebajas.

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Desde el soviet de juguete del PC supérstite oigo llegar la petición de que la banca y las constructoras aflojen dinero para remediar los efectos de la crisis en los sectores populares menos favorecidos, recurso no poco extravagante por lo que se refiere a estas últimas, que van arrastrando el ala, y realmente original dirigido a la primera, de cuya fuerza da una idea la enormidad de su ganancia a pesar de la crisis. Un amigo cosmopolita me cuenta que en USA no se considera a un millonario digno de confianza en tanto no haya superado al menos tres suspensiones de pago y me ilustra además con la desconcertante imagen de que, allá, los ricos no presentan, llegado el caso, como garantía, sus activos, sino el montante de sus deudas: un sistema financiero serio considera más y mejor al que más debe porque le da por supuesto más capacidad de crédito. Pero, anden, váyanle con esa vaina al manguitos de la caja de ahorros, reclamen respeto y margen en función de su deuda y van a ver con qué diligencia actúa entonces nuestro entumecido sistema judicial. Ni las vacas gordas se ordeñan para todos por igual, ni las flacas preocupan demasiado allí donde el excedente espanta las cuitas. Parece, por ejemplo, que nunca se ha hecho más caja en la Quinta Avenida ni las subastas se ha disparado tanto como a la sombra de este jinete clasista que cabalga sobre nuestro Apocalipsis. Todo cuesta más, excepto lo caro. Bien mirado, la economía real no es nada pedagógica.

3 Comentarios

  1. Tiendo a ser apocalíptica a veces, pero me huelo que esta feria que tan bien retrata el Anfitrión y que dura ya tanto tiempo, está dando boqueadas. Lo del cántabro, no sé si interpretarlo como blasfemo u obsceno. En caso de que sea cierto. Aunque tal vez en la caja B los números aún sean de más enjundia.

    Ni entiendo, ni quiero entender, de muchas cosas-para lo que me queda que vivir en este convento llamado vida…- pero ya no es solo un tercer y un cuarto mundo el que salta vallas en Melilla, sino un cuarto y quinto mundo el que está germinando, entre ira y miseria, de las vallas para dentro. Solo hago previsiones a corto plazo y no rebaso ni soñando el horizonte del veinte-veinte, pero lo que puede tronar de aquí a entonces puede ser gordo.

    (Disculparán -y hasta agradecerán, seguro- mi ausencia por unos días en que voy a estar fuera de cobertura. Salud y suerte y hasta pronto, si hay de la última y no paso a engrosar el número de muertos en la carretera).

  2. Menos mal que últimamente me siento serena y que la vida me está mimando, pero objetivamente habría que ir por la vida poniendo bombas. Hay cosas que dan naúseas y otras tanta rabia que si supiera cómo fabricarme una bomba H de bolsillo, hay días que la haría!
    Besos a todos.

  3. 19:50
    “los ricos no presentan, llegado el caso, como garantía, sus activos, sino el montante de sus deudas”
    No exactamente, querido ja, lo que ocurre es que el prestador americano se desconcierta ante quien nunca ha tenido deudas (don Miller sabrá más que yo sobre el tema), y aquí, también los bancos, usan como información adicional de la solvencia el desarrollo de créditos anteriores, aunque solo consideran los de su propia entidad.
    +++++++++++++++++++

    Desde que tengo uso de razón, los bancos españoles siempre ganan más que el año anterior, haya o no haya crisis, con las conocidas excepciones de cuando se mete la mano desde arriba.

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