Muy divertida esa distinción que la Junta hace entre sus consejeros ricos y sus consejeros pobres (o no ricos). Dicen medirlo por sus respectivas declaraciones de la renta personal, como si ese dato fuera suficiente, a estas alturas, para estratificar a los ciudadanos. Y parece como si esa distinción ideológica tuviera algo que ver con la realidad política, una actividad que siempre estuvo en manos de los ricos (o de los más fuertes). Este sociatismo de cinco estrellas mantiene visible una cara anacrónica que, a la vista está, para nada garantiza ni su identidad ni su virtud.

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