He tenido tiempo de conocer muchas opiniones sobre la función y el valor de los impuestos. Suetonio contó que Tiberio, cuando sus gobernadores le solicitaron que elevara las cargas fiscales les contestó que el deber de un buen pastor era esquilar el rebaño, no desollarlo. Recuerdo que don Emilio García Gómez comentaba el cuento de Ibn Yahya sobre aquel sultán que rechazaba subir los impuestos por considerar ese remedio similar al del hambriento que se devorara a sí mismo. O el estupor que me produjo de estudiante que para Voltaire el buen gobierno consistiera más que nada en transferir la mayor cantidad posible de la fortuna de los ricos al peculio de los pobres. Fueron los doctrinarios británicos del “Fisco” quienes anatematizaron la fiscalidad como máxima y más agresiva expresión del intervencionismo y la cosa llega a extremos delirantes cuando un Stuart Mill, ya en plena pendiente romántica, llegó a pensar (y decir) que a grabar a los ricos más que a los pobres suponía penalizar el trabajo y el ahorro. Los ricos siempre han pensado lo mismo sobre el impuesto, probablemente, y me da que los pobres también, pero incluso los partidarios de la acción estatal como Keynes coinciden con los liberales de todos los colores en que evitar la imposición es una de las pocas cosas útiles y económicamente beneficiosas que puede hacer el pensador. Bueno, pues ahí tienen a ese grupo de millonarios franceses –la mediática viuda Bettencourt incluida—que acaban de solicitar al Gobierno que les suba las cargas con una “contribución excepcional” aunque, eso sí, con tiento y mesura no vaya a ser que los afectados se fuguen con sus capitales puestos a los paraísos fiscales. Dicen esos magnates que son conscientes de haberse beneficiado de un modelo nacional y de un entorno europeo al que se consideran vinculados y el cual desean vivamente mantener. Yo no sé si la oferta tendrá truco pero no me digan que no es admirable el gesto. Vamos a esperar hasta ver si aquí ocurre otro tanto. Sentados, claro.

Mal deben de andar las cosas cuando los millonetis pasan por la izquierda a los teóricos del Fisco y a los del Welfare State juntos. O puede que le hayan visto las orejas al lobo en esta últimas lobadas, hasta caer en la cuenta de que nada, ni siquiera el Sistema, posea la garantía de supervivencia más allá de todo límite, y hayan entrevisto en esa discreta redistribución un posible remedio para salvar a todos y a ellos los primeros. Los viejos socialistas (los “utópicos” y para qué hablar de os “científicos”) se habrían llevado las manos a la cabeza. Los que hoy se autopostulan tales a lo peor ni se han enterado.

6 Comentarios

  1. Gracias a don Rafa por su cordial saludo.
    Pues si, quizas teman perderlo todo; (de todas formas a esas alturas cualquiera puede hacerse el generoso;)
    No sé porqué, pero no me lo creo….
    Besos a todos

  2. Espero que con la vuelta de nuestro autor el Casino reactive sus actividades. Entre tanto, digamos que este gesto de los millonetis franceses, como sabrán, ya ha sido recogido por la autoridad y se ha concretado en un impuesto. No me cabe ninguna duda de que alguna ventaja casacran de ello…

  3. Me onsta que el Casinero ya está de vuelta en casa, lo que quiere decir que, en efecto, volveremos toidos a la normalidad.
    Sobre el impuesto de los ricos, decir sólo que aquí ha sido rechazado por elGobierno “socialista obrero”, y que una ministra, la principal del ramo, ya explicó que con él se corría el riesgo de fuga de capitales.

  4. Una oferta fiscal de los propios fiscalizados… hum, no me suena. Alfo raro ha devido de haber por ahí. Talvez, como ocurre con el negocio de muchas fundaciones, los ricos hayan hecho sus cuentas y concluido que pagar más con una mano supone recibir más con la otra.

  5. Esto se anima, esperemos que el otoño no sea caliente. En lo que se refiere va los millonarios franceses hay que admitir un margen de responsabilidad, no me parece justo despachar el asunto como si fuera un simple truco.

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