Riau, riau

Ignoro cómo se resolverá el llamado “juicio de la Manada”, pero tengo claro ya lo difícil que resultará extirpar la fibra más íntima del ideario macho, así como hasta qué punto las “redes sociales” constituyen un territorio peligroso. Un grupo salvaje que viola a una chica en el transcurso de una bacanal pública. ¡Pues vaya un problema! Que no vayan solas por ahí y, si van, que aferren el cinturón de castidad, porque consideren lo difícil que ha de resultar para un juzgador, a toro pasado, determinar el grado de consentimiento de una presunta violada. Vamos, que si van y se arriesgan, pues que pechen luego con las consecuencias. ¿Qué es eso de denunciar “a posteriori” a unos carpetovetónicos –que se llamen a sí mismo “la Manada” es lo de menos, ¿no?–, incluso si alardean de su hazaña? ¿Que hay entre ellos algún militar y hasta un novicio de Guardia Civil? ¡Pues más a favor de su presunción de inocencia! Ya hubo un juez que sentenció que llevar minifalda supone una provocación y, en consecuencia, una eventual atenuante, si es que no una eximente, para el macho irreprimible. “La mujer, la pata quebrada y en casa”, dice un adagio. Y otro: “El hombre es fuego, la mujer, estopa; viene el diablo y sopla”. ¿Lo ven? La estopa, el diablo, cualquiera es responsable, menos el macho.

No sé qué decidirá el tribunal pero, la verdad, el caso no es tan complejo como se pretende. ¿Que cinco tíos fornidos se pasan por la piedra a una piba de dieciocho años? ¿Y dónde está el problema? A esa edad una mujer puede abrir o cerrar las piernas a discreción, pillar una cogorza o morrearse con un desconocido, incluso puede hacer cosas mucho más peligrosas, como votar en unas elecciones libres, ¿o no es verdad? Y nada digo si la piba sigue viviendo al día siguiente sin flagelarse ni beber lejía –como hubieran hecho sus castas abuelas– o apareciendo en las “redes” junto a otra que luce una camiseta obscena. Por no hablar del benéfico efecto disuasorio que su ejemplo ha de ejercer sobre tantas coleguitas. Lo que es de locos es pedirle a los jueces que castiguen a unos verracos que no han hecho otra cosa que obedecer a su naturaleza. ¡Riau, riau!

Todo eso y mucho más llevamos oído antes de que conozcamos la sentencia. ¡Con lo elemental que es el caso: cinco garañones hilvanándose a una mujer libre en un portal y robándole luego el teléfono! El sí o el no se lo llevó el viento, de manera que habrá que creer a los violadores. Porque ya me dirán cómo va a ser igual la libertad de una hembra que la de un macho. El patriarcado es una cosa muy seria, oigan, para jugárselo en las “redes” o ante un tribunal. Y menos por lo que haya podido suceder en un portal oscuro, ¿no creen?

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